domingo, 23 de julio de 2017

Tenemos Dulces

Finalmente…!!!

El libro que el Gobierno cubano logró sacar de circulación durante casi 20 años con la complicidad de dos editoriales españolas (se abordará el asunto en su momento) y con el severo beneplácito del exilio cubano —nunca antes tan de acuerdo con Fidel en reconocer a un “enemigo”—, ya está de nuevo a la venta.

Cliquee aquí para localizar su ejemplar.



viernes, 14 de julio de 2017

El oficio de escritor



El poeta Heberto Padilla todavía está en un calabozo de Villa Marista y Jorge Edwards se puso bajo la protección de Pablo Neruda en París cuando el encargado de negocios interino de Chile en La Habana —Manuel Sánchez Navarro— estampa en el pasaporte de un cubano llamado Antonio de la Guardia la visa para ingresar en Santiago como “auxiliar de embajada”. El capitán Antonio de la Guardia Font. El hombre emblemático de las fuerzas especiales cubanas. Sobra decir que Manuel Sánchez ni tiene idea de quién se trata. Que nadie en Chile alcanza a entender lo que esto significa. (Muy entretenidos en la supuesta zozobra de Castro por su bronca con los intelectuales y la gritería por el arresto de Padilla.) Pero lo que significa esa visa otorgada el 22 de abril de 1971, es que los cubanos ya saben que tienen la mano libre para el envío de las tropas. El proyecto del viaje de Fidel se encuentra en plena capacidad de movilización. A toda marcha. Eliminado el obstáculo que significaba Jorge Edwards al frente de la embajada chilena en Cuba, comienzan a actuar. Hasta ese momento todo el trasiego era de personal diplomático auténtico y burócratas y delegaciones culturales y económicas. Sobre todo culturares, que si en Cuba hay algo que sobra es guarachero. Ah, ¿pero qué es lo que ustedes entienden por cultura? ¿Pintores? ¿Literatos? No, hombre. No sean bobos. Aquí la cultura es los conjuntos de música bailable, lo que ahora se llama salsa. Porque si hay una verdad absoluta en este mundo, es que nunca una lira ha sonado tan tico como un par de timbales. Venga la conga. Adiós, poeta.

*

Las lectura de los registros de visados otorgados en La Habana entre enero y noviembre de 1971 convierten una sospecha en convicción. Cuba no entregó ninguna información de interés de inteligencia a la misión chilena mientras Edwards estuvo al frente de sus asuntos. Evidencia además que la expulsión del personaje con el antecedente del arresto de Padilla dos días antes tuvo un interés operativo. Fidel ha tomado la decisión de viajar a Chile y esto es lo que indica la jugada con toda precisión. Entonces manda a Santiago a su avezado explorador. Para los que no conozcan al personaje el capitán Antonio de la Guardia pertenece a una estructura archisecreta eventualmente conocida como GOE, por las siglas de Grupo de Operaciones Especiales, adscrita al Ministerio del Interior. 34 días después del arresto de Padilla y 32 de la expulsión “blanda” de Edwards, “El Siciliano” —así le llaman sus camaradas— lidera la primera fase de la Operación Destino.

*

Los adelantados:

Luis Fernández de Oña, que tenía una relación sentimental “estable” con Beatriz Allende —conocida como “La Tati”, segunda hija del matrimonio de Salvador Allende con Hortensia Bussi—, es decir, integrado al círculo familiar más íntimo del Presidente, fue el primer cubano que aterrizó en Santiago. Llegó el 26 de septiembre de 1970, 22 días después que Allende ganara la presidencia. Su misión era preparar el establecimiento de relaciones entre los dos países y, con otro cubano, el famoso “Ariel”, nombre de guerra de Juan Carretero Ibáñez, dar los primeros cursos de asesoramiento en normas de seguridad e inteligencia al grupo de protección del Presidente. Pero no se confundan. Esto no es tropa de choque ni grupos de elite. Sencillamente, gente de la inteligencia cubana y con cierta capacidad en el área de los escoltas.

El personal:

En enero de 1971, el primer listado de visas otorgadas que firma Edwards. Lo encabeza, con fecha del 8 de enero, el embajador cubano recién designado Mario García Inchaústegui, con su mujer Gladys Delgado Ortiz y su hijo Mario García Delgado. Todo lo demás es el personal que poblará la embajada cubana en Santiago. Ninguna señal de peligro. Nada que temer. Aún no.

En febrero, el segundo —y último— listado bajo la rúbrica de Edwards. Todavía ningún nombre sospechoso, nada que llame la atención del asesor voluntario Heberto, que se pasa la vida merodeando la suite de Edwards y husmeando entre los papeles.


Antonio de la Guardia Font. Es el nombre que salta a la vista en abril. El Mando toma la medida de solicitarle una visa oficial y no diplomática. Le bajan el tono, como si se tratara de un bedel, o un electricista; en fin, del personal de mantenimiento. Viajará a Chile bajo el dudoso rubro de “auxiliar de embajada”. Él y sus compañeros, porque son varios los auxiliares de embajada. Todos expertos tiradores.
 

El nombre de Pascual Martínez Gil aparece en mayo. Viaja bajo la cobertura de correo diplomático. Pero él es el jefe del GOE y su verdadera misión es estudiar el terreno para la visita del Comandante en Jefe. Estudio de la situación operativa, tal el nombre técnico. Aprovecha, sin embargo, la cobertura de los correos diplomáticos para hacerse cargo de dos o tres de esas valijas. Un tanto pesados los maletines. Van tres Kalashnikov de culatín plegable —más sus módulos de combate (120 balas en cuatro magazines)— por cada valija. Es la norma que establecen los cubanos desde Chile. Tres hierros por valija. Y están volando en grupo. A veces hasta en una frecuencia semanal. Aparece Pascual y aparecen los correos diplomáticos —con sus pesados alijos.


Patricio de la Guardia, hermano gemelo del condotiero Antonio, y otro de los golden boys de Fidel, debuta en junio. Surge en la lista chilena como correo diplomático. Es el segundo del GOE, en realidad, y con sus dotes de mando y finura de maniobra, se suma al dispositivo de Santiago. Ulises Estrada, el otro nombre que se destaca en la ruta de Santiago, era el mensajero del Che Guevara en su fracasada aventura del Alto Zaire. También utilizó sus habilidades románticas para seducir a Tamara Bunke y reclutarla para los servicios de inteligencia cubanos. Ulises era un negro grandulón y parlanchín y Tamara estaba encantada con él. Al final Ulises la sembró en Bolivia, para que le sirviera de enlace del Che. Por ese entonces ella comenzó su fama internacional como Tania la Guerrillera. Terminó, como se sabe, atravesada a balazos por una emboscada del ejército boliviano el 31 de agosto de 1967 en un recodo del Río Grande llamado Vado del Yeso.


Los nombres siguen saliendo a flote. Nuestros hombres de agosto. Lino Carrera, comandante del Ejército Rebelde, y —cuando se instituya el generalato en Cuba—, uno de sus primeros generales de brigada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Raúl Díaz Argüelles, comandante de la guerrilla y héroe de la lucha clandestina contra Batista. En 1975, primer jefe de las tropas cubanas en Angola, donde adopta el nombre de Domingo da Silva, y donde muere, desangrado, al pasar con su transportador blindado sobre una mina antitanque. Arsenio Franco Villanueva “El Gallego”, otro guerrillero y héroe de la clandestinidad y que alcanzará los grados de general del Ministerio del Interior. Miguel A. Duque de Estrada, el funcionario de la cancillería cubana designado para hacerle la vida imposible a Edwards durante su estancia en La Habana y que viaja a Chile sin que nadie se decida a molestarlo. Fernando Florez Ibarra, el temible fiscal de los primeros años de la Revolución, cuya misión programada para Chile es exhalar, junto con el humo de sus soberbios puros, el rumor de los Tribunales Revolucionarios y el consiguiente retumbar del paredón.


Los nombres de octubre. José Luis Padrón, una estrella en ascenso en la oficialidad del Ministerio del Interior; viene de Seguridad Personal y pronto será el director de las operaciones turísticas del país, “llevará” las relaciones con Estados Unidos y será investido como miembro del Alto Mando del omnipresente Ministerio. Juan Pérez Formell, nombre de guerra “Augusto”, un agente de inteligencia cubano sembrado en la Argentina de los años 60 con la misión de fomentar los grupos insurreccionales y de guerrilla urbana. Jorge Luis Estevanell, uno de los venerados oficiales de las operaciones especiales. Cuatro años después de Chile, el 15 de enero de 1976, en un remoto paraje angolano, se dirige al Puesto de Mando instalado en la facenda Victoria, en Engo, provincia de Quibala, cuando la camioneta que guiaba acciona una mina anticarro, probablemente plantada por la fuerza propia y, más que matarlo, prácticamente, lo disuelve.

*

Breve repaso de las visas chilenas entregadas en la legación de La Habana entre diciembre de 1970 y noviembre de 1971:

Diciembre 1970. No se ha encontrado constancia escrita. A Luis Fernández de Oña, primer diplomático cubano instalado en Santiago, le impusieron la visa en el aeropuerto, a su llegada a Chile, el 26 de septiembre de ese año.

Enero 1971. Lista suscrita por Edwards el 4 de febrero y que llega por valija diplomática a Santiago el 14. Ese mes, entrega 40 visas diplomáticas y 15 oficiales. 55 visas en total.

Febrero. Es el 3 de marzo. Documento recibido en Santiago el 12. Edwards entrega 28 visas diplomáticas y 51 oficiales. Pero tenemos 68 visas diplomáticas y 66 oficiales. 134 visas en lo que va de año. Ya eso es personal suficiente para una compañía reforzada de cinco pelotones, si quitamos no cubanos y uno que otro camboyano dislocado en La Habana con órdenes de su gobierno de husmear en la experiencia chilena.

Marzo es un mes para calcular, puesto que no hemos localizado el reporte. Edwards, puntualmente, lo hubiese producido a principios de abril, pero, hacia esa fecha, se halla lejos de La Habana. Lejos. Muy lejos. Así que el cálculo arroja que Edwards, antes de partir de Cuba, entregó otras 20 visas diplomáticas, y otras 11 visas oficiales. O por lo menos estampó una porción de ellas. De cualquier modo, en lo que va de año y bajo el reinado de Edwards, tenemos 88 visas diplomáticas y 77 oficiales. Total: 165 visas.

Abril. El listado es remitido a la cancillería chilena el 6 de mayo y es recibido allí el 14. Ese mes han expedido 29 visas diplomáticas y 24 oficiales. Durante todo el año, 117 visas diplomáticas y 101 oficiales. Se advierte que el listado lo firma el encargado de negocios. El último que firmará Manuel Sánchez. Ya estamos en un total de 218 visas. Cierto que el personal comprometido en la invasión se mantiene en números muy modestos. Todavía.

Mayo. Listado el 3 de junio y registrado en la cancillería de Santiago el 15. El primero que firma el Embajador Juan Enrique Vega. Este es un mes de 17 visas diplomáticas y 57 oficiales. En lo que va del año, 134 visas diplomáticas y 158 oficiales; es decir, 292 visas. (La unidad de combate adquiere característica de compañía reforzada.)

Junio. El listado fue preparado el 5 de julio y recibido en Santiago el 12. Han otorgado 19 visas diplomáticas y 23, oficiales, que suman 153 visas diplomáticas y 181 oficiales durante el año en curso, que a su vez suma un total de 334 visas.

Julio. Listado el 3 de agosto y recibido en Santiago el 17. Se concedieron 14 visas diplomáticas y 46 oficiales. En lo que va de año 167 visas diplomáticas y 227 oficiales. En total, 387. Atiendan bien: Trescientas ochenta y siete visas diplomáticas y oficiales en siete meses.

Agosto. Listado del 7 de septiembre y recibido en Santiago el 19. Tenemos 38 visas diplomáticas y 93 oficiales. Suman 205 visas diplomáticas y 320 oficiales. Total: 525 visas (completamiento de un batallón ligero de combate).

Septiembre. Producido el 6 de octubre y recibido el 18. Expedidas 49 visas diplomáticas y 27 oficiales. Suman 252 visas diplomáticas y 349 oficiales. 601 visas en lo que va de año.

Octubre. Listado preparado el 12 de noviembre y recibido el 15 en Santiago. Se otorgaron 59 visas diplomáticas y 60 oficiales. 311 visas diplomáticas y 409 oficiales en el transcurso del año. En total, 720 visas.

El listado de noviembre, sin duda, es la mayor consideración porque culmina una de las operaciones de inteligencia operativa más exitosas de la Revolución Cubana —y con el propio Fidel Castro al frente de ella. El 1 de diciembre, como es menester a principios de cada mes, se prepara el informe, que en este caso llega el 10 a Santiago. Fidel apenas hace días que ha abandonado la plaza, donde permaneció desde el 10 de noviembre hasta el 4 de diciembre. 92 visas diplomáticas y 62 oficiales se otorgaron ese mes. 402 diplomáticas y 471 oficiales en once meses. 874 visas en total. Un servicio exterior ejemplar en su carácter revolucionario. Expansivo y armado hasta los dientes.

*

Un dato ineludible para los que los que descubren el nombre de Antonio de la Guardia. Tony ganó celebridad internacional entre junio y julio de 1989 cuando Fidel decidió deshacerse de su antiguo golden boy y lo involucró en un oscuro proceso de corte estalinista, en el que lo acusó de tráfico de drogas, y por lo cual lo fusiló. También se deshizo en ese proceso de su más encumbrado jefe militar, el general de División Arnaldo Ochoa, y otro par de infelices de menor graduación —Amado Padrón y Jorge Martínez. Todos fusilados. Hubo más condenadas de inmediato, largas condenas de cárcel, las más bajitas de 12 años, aunque la norma fue 30 años, y luego muchos muertos de cáncer o por infarto en las celdas. Pero esa es otra historia. Otro libro.

*

Post Scriptum:

El lector queda avisado que estoy poniendo antes sus ojos parte de la información de algunos de los libros míos ya terminados y en cola para publicar, uno sobre el famoso caso Padilla (Plaza sitiada) y otro sobre los escritores en la Revolución (De interés del Buró Tres). Pero además (y entiendo que se trata de una buena noticia para lectores que llevan muchos años esperando) todo esto sale a flote debido a dos razones, por la fecha (hoy, 13 de julio, el 28 Aniversario del fusilamiento de Antonio de la Guardia) y porque acabo de terminar un arduo proceso de edición de Dulces guerreros cubanos, para su publicación en los próximos días. Un hermanito de la nueva hornada, alguien aún ilusionado con una Revolución que no conoció, ha sido instrumental y decisivo en la búsqueda de la documentación chilena y en la preparación de estos tres libros de los que estoy hablando: Pedro Schwarze.

Ahora es comprensible que Tony, sus fotos y toda su papelería, me haya estado asaltando por doquier, ese cabrón fantasma del socio, ese triste y aún desconcertado fantasma. Quise tener listo para hoy el libro de los guerreros —"los dulces", yo le llamo— y publicarlo como un homenaje. Pero de qué le sirven los homenajes a los muertos. Ni siquiera que los venguen. Te jodieron, Brother. Nos jodieron.

La foto que aparece como ilustración de este texto es la captura de un video tomado en el sector militar cubano del aeropuerto de Luanda a mediados de 1988.

martes, 13 de junio de 2017

Fidel en su piedra,
Raúl mientras agoniza




Un destino poco glorioso para los nuevos próceres. Antes había que abatirlos montados en briosos corceles, machete en mano, a todo galope contra las primeras líneas, rodilla en tierra, de los fusileros enemigos y aunque los proyectiles trazadores no se hallaban en existencia, tú veías abalanzarse sobre ti la andana de los plomos que te levantaría en peso de la montura y te derribarían en la tierra antes de saber que ya estás muerto y que un tropel de cascos te está macerando sobre el terreno porque la marcha no puede detenerse. Ahora, sin embargo, te mueres en las refrigeradas estancias de un salón de terapia intensiva. De acuerdo a la investidura, hasta tienes oportunidad de firmar algunos de los decretos que se te quedaron en la gaveta. Toda la gloria del mundo según las consolas Westinghouse. Pero, ironías aparte, tal puede ser el episodio que transcurre actualmente en la existencia del presidente cubano. Un amigo me escribe desde el norte de Argentina y dice que están diciendo —allá, en el norte de Argentina, me imagino— que Raúl está grave en terapia intensiva y que si uno sabe “algo”. Uno, en verdad, no sabe nada, aunque siempre puede elaborar alguna reflexión, y responde “No sé nada, pero ya es hora… ¿no?” Y agrega que antes ocurría lo mismo con Fidel y que en Miami lo mataban todas las semanas. Ya, después, cuando se puso malito de verdad, en el orden personal se produjo una época de modesta pero significativa bonanza para este autor, porque todo el mundo le pedía artículos y reseñas y declaraciones y hasta preparó dos obituarios por adelantado. Mas él no cree que pueda esperar la misma fortuna con el eventual deceso de Raúl Castro puesto que por estos lares se encuentra exiliado desde hace unos años su amigo Alcibíades Hidalgo, que sí conoce bien a Raúl. No en balde fue su jefe de despacho en el Comité Central y hasta creo que compartieron una hacienda en el Valle de Viñales a donde llevaron a dos azafatas que ambos ligaron en un viaje, no sé si a Yugoslavia, o a Polonia. Un cabroncito ese Alc, si yo se los digo. Pero, bueno, a lo que iba, Alc —¿ya se dieron cuenta que era el sobrenombre de Alcibíades?— puede sacarle algún jugo a la situación. Los que si no van a poder sacarle nada son los patriotas de la troupe del Versailles, el grasoso restaurante de la calle 8 del South West de Miami, la mítica Sagüesera, que salían a conguear cada vez que Fidel se moría. La última de estas congas, como se sabe, tuvo lugar el viernes 25 de noviembre del año pasado, con la noticia del fallecimiento, esta vez en serio, del comandante. Bailaron y gozaron de lo lindo durante unos días. Pero, al final, al igual que en la canción de Joan Manuel Serrat, y apenas en el transcurso de ese fin de semana, se acabó la fiesta. Aunque del modo que la turba nunca había calculado. Porque se acabó la fiesta pero también se acabaron ellos. Fidel se llevó el desafío. Fidel se llevó la confrontación. En definitiva, Fidel se llevó el alma de la nación. Y si ellos no se dieron cuenta, Obama sí. A los pocos días, al eliminar de un plumazo la famosa ley de “pies secos, pies mojados”, remató su maniobra con la tirada más humillante que un presidente americano le haya tirado en la cara a la vieja contrarrevolución cubana: que no había ninguna diferencia entre ellos y un guatemalteco o un salvadoreño. Puede que, no obstante, quede rondando por la zona de parqueo del Versailles, algún iluso deseoso de salir a festejar el eventual fallecimiento de Raúl Castro. Que empiece, pues, a calentar los cueros. Y así son las cosas. Fidel en su piedra, Raúl en su república bananera.

domingo, 7 de mayo de 2017

viernes, 21 de abril de 2017

By popular demand

Un segmento de la entrevista con Camilo Egaña en su programa de CNN en Español del jueves 20 de abril de 2017. Para verla pinche aquí. Una transcripción completa aparecerá próximamente en la nueva página web norbertofuentes.us

 


domingo, 2 de abril de 2017

Todo por la causa

Evtushenko, Padilla y la historia desconocida de un poema por encargo de Nikita


“Los manuscritos nunca arden”, dice el viejo proverbio ruso. Mala cosa, muy mala sobre todo para aquellos que se afanan en borrar su historia. Y máxime si publicaste en Pravda. La cosa es que la muerte de Evgueni Evtushenko este sábado 1 de abril me lleva a conectarlo a su más cercano amigo cubano, Heberto Padilla, debido a un razonamiento por simpatía. Ambos poetas, apenas muertos, son (fue, en el caso de Heberto, es, en el de Evtushenko) agasajados por un torrente de obituarios de la aburrida, vieja escuela de las víctimas del estalinismo. (No, a mí no me pregunten qué costilla le partió Stalin a Heberto. O si delegó en Beria. Pero que Heberto se cogió esa bronca para él solo, se la cogió.)

Pero hubo una época en que no todo era anticomunismo. La hubo de armonía, de fervor por los ideales. Estoy hablando de ellos dos, no de mí en el Escambray cayéndole atrás a Tomasito San Gil. Esos son los dos poetas que quiero recordar con esta historia. Ellos dos con Nikita Serguievich al fondo.

Heberto Padilla parecía responder a un sino ineludible: tener que desandar el camino de su propia producción poética. En “Dicen los viejos bardos”, uno de sus versos más emblemáticos de la colección Fuera del juego, advierte que en cualquier lugar y época en que el poeta se encuentre, siempre estará acechándole algún poema peligroso. No creo, desde luego, que tuviera en mente los versos de “Júbilo con fusiles”, el poema que escribió por encargo de Pravda, el órgano del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, en las horas previas al Año Nuevo de 1963 y traducido al ruso, de inmediato, compulsivamente, por el entonces controversial Evgueni Evtushenko, una mezcla de hooligan con bolchevique, según la leyenda. Por su parte, la influencia de otro soviético, Vladimir Maiakovski, más que evidente, parece ser la fuerza que conduce al bardo cubano, sin que le tiemble la voz, de las pretensiones liricas a la urgencia del panfleto de combate. No existe algo de tal peligrosidad en toda la carrera de Heberto Padilla que iguale este tosco testimonio de entrega a la causa. La lenta combustión de los años no ha sido capaz de otorgarle siquiera la gracia de la inocencia histórica: Padilla tenía que pasarse la vida abjurando de su obra. Las páginas malditas que una vez vislumbró que debía tragarse. Pero no por contrarrevolucionario sino, en este caso, por comunista. Siempre como que lo obligaban a hacer las cosas. O responder al extraño emplazamiento autoimpuesto de que para brillar había que pasarse al bando contrario, o por lo menos retozar con él.


Por “sugerencias” —más bien indicaciones— del primer secretario Nikita S. Jruschov, que estaba loco por cortejar a Fidel, de traerlo de nuevo a su redil, después de los encontronazos y fricciones surgidos durante la Crisis de los Misiles, la idea del poema cubano tomó cuerpo. El combativo “Júbilo con fusiles” de Heberto Padilla traducido por Evgueni Evtushenko publicado en la página 5 de la edición de Pravda del 1 de enero de 1963, para conmemorar el cuarto aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, pasó de cualquier manera desapercibido para el lector cubano y sobre todo para Fidel Castro. Inútil esfuerzo de un primer secretario y de dos poetas —desde un remoto Moscú.


JÚBILO CON FUSILES

Se oye el tarareo
Se oye el tarareo,
de árbol en árbol,
de calle en calle.
Tomo la boina,
la pistola, las balas.
¡Yo, plaza de ustedes!
¡Yo, calle de ustedes!
Oigo las banderas
de algodón, crujir
sobre nuestra tierra
que viene preñada
y los gritos fuertes:
«Uno, dos, tres…»
Por encima de lo más oscuro
como mi boina.

Canto yo
mi camino inicial
tarea de poeta —
marchar con paso firme
pero sin equivocarse
así ayudo yo,
junto a mi pueblo
marcando el paso.

¡Marchando! ¡Marchando! ¡Marchando!
El corazón al paso se enardece
Escogimos nosotros el camino.
Todos somos uno
Somos gente de paz
pero estamos alertas
mirando al mar

De todos modos — estamos en combate
tendidos en los parapetos
de pie tras los arbustos
combatiendo la mentira
y el engaño.
Yo veo a los barbudos
y a los que no tiene barba
en el combate
en las fábricas y las empresas
luchamos con alegría.

Nosotros no somos patéticos
o amargados o mustios —
eso no es revolución.

Somos esos mismos cubanos
somos esos mismos rebeldes
en los combates
contra el oxidado dogma
del sectarismo
y rechazamos
la pompa y el pesimismo.

No hay penumbras hoy
en la vida sino
júbilo.

Lo ves en Cuba
Sonrisas con boinas
sonrisas
con pistolas en las manos.
Y una vez nuestra
alegría fue dolor
y todo era difícil
como si la madre, ella
se encorvara por la amargura.

Sobre los que han caído
en el ataque al Moncada
y en las laderas escabrosas
de la Sierra Maestra
¿Para qué ellos cayeron?
¿Para que ellos cayeron?
Para que estos jóvenes
no sean pesimistas,
para que rían
y en los combates más difíciles
no flaqueen.

No importa que gritos amenazantes
se oigan alrededor,
nosotros reímos.

Terrible nuestra risa.
Sabemos muy bien
que la Revolución
lograda en la batalla
es júbilo para todos.

Notas: La obligación (para incluir en este sitio) de traducir del ruso un poema que originó en español, y que hasta el presente y hasta donde se sabe solo ha sido conocido en ruso, es porque no se ha encontrado la versión en español. No deja de ser graciosa la idea de que el disidente cubano Heberto Padilla haya sido también el primer autor cubano de poemas soviéticos en español.

El verso “Uno, dos, tres…” reproduce la fonética del español en la traducción original al ruso. Barbudos fue incorporada por los soviéticos a la lengua rusa después del triunfo de la Revolución Cubana. Sierra Maestra está empleado como adjetivo en la traducción de Evtushenko y por eso en el facsímil de Pravda aparece como una sola palabra y en minúscula.

El borrador de una primera traducción del ruso al español es de Álvaro Alba. El resto (con todas sus torpezas y errores) es mi responsabilidad.

Ah, ¿pero no me lo quieren creer? Pues este es el facsímil de aquel Pravda tan nefasto para la memoria de los revisionistas. ¡Y arriba los pobres del mundo!


domingo, 19 de marzo de 2017

¿Y qué va a ser de nosotros ahora?


Era un Motorola. De doble función, despertador y radio. Los viejos lo tenían en la mesa de noche de la izquierda, aunque no recuerdo si era el lado del viejo o de la vieja. Si recuerdo que era mi lado cuando llegaba de la escuela, o los sábados y domingos cuando los viejos no estaban en la habitación. La función de despertador de manera permanente e indefectible se disparaba, de lunes a viernes, a las 7 de la mañana, hora de levantarse para el trabajo ellos (el viejo, publicitario y asociado de la Mafia americana, y la vieja, por contraste, maestra de kindergarten de escuela pública) y nosotros (mi hermanita Estrella, mi hermano Luis y yo el primogénito —así me decía el viejo, “el primogénito”), para nuestra escuela. Pero tal la parte tortuosa del trabajo del Motorola.

La parte buena era al regreso de las clases. Porque era directo al rocanrol. Girabas el botoncito izquierdo que parecía un dedal adosado a la careta plástica del equipo y esperabas unos instantes a que se calentara —los radios entonces ”se calentaban”— y enseguida ya estabas oyendo Radio Kramer, es decir, a flotar en el mismo éter en que podía hallarse un adolescente de Arkansas o de Maine, ellos y tú, con los Diamons con Liteldarlin y con Polanca con Daiana, y con Lonli blu boi, que no se me olvide, y los Platers con Onliyú, y Yerri Liluis con Gritbol of fair y con Juloracheik goin on y, no faltaba más, con Chucberri y Esculdai y Suitlitel sixtín y la constante final de su consigna Jeil Jeil Rocanrol y todos, todos ellos, bajo la mirada severa, admonitoria, ora complaciente, ora perdonavidas, del Quin, del mejor y más completo de todos y que le dejaba muy claro desde el principio a las nenas que no quería ser un tigre para no arañarlas, que lo que quería ser era su osito de peluche. Oh, Elvis, cuánta sabiduría en tus palabras. Porque ese osezno, peludo y como dejado al descuido sobre el sofá, cuando atrapara a su nena, no iba a haber Dios que se le zafara del abrazo.

Radio Kramer. Toda una generación de habaneros tuvo su alma mater alternativo en esa emisora. ¿No se acuerdan de la voz de aquel mariconcito que llevaba la programación de la tarde y que, puntualmente, a las 3.30 pm presentaba durante media hora “Starring Elvis Presley”? Arrastraba las erres, de manera muy apropiada cuando introducía la primera pieza del día (ya había discos suficientes de Elvis en el mercado como para sostener un programa diario de media hora), y sonaba Yeil Jaus Roc y el decía, después de los primeros guitarrazos procedentes del vinil: “Estarjin Elvis Prrresley.”

Claro, olvídense de Radio Kramer después de comida. Hasta eso de las 10 pm le tocaba a la televisión (también creo que un Motorola, seguro que algún negocio de trueque de publicidad por producto de mi viejo con los distribuidores de esa marca) y entonces era la tanda de los episodios enlatados de El Llanero Solitario y Patrulla de Caminos y Bat Masterson y La Ley del Revólver, tremenda educación proyanqui que estábamos recibiendo en las gloriosas vísperas del triunfo comunista en Cuba. Pronto, muy pronto, estaríamos de parte de los indios y no de los caobois. Unos hijos de puta los caobois esos. Unos racistas.

Y, en fin, para abreviar, todas las fórmulas doctrinarias subliminales a través de la televisión cesaban cada noche en mi casa a eso de las 10. Los muchachos, entre los que me encontraba, para la cama, porque mañana hay escuela. Esas funciones regimentales de disciplina le tocaban a la vieja, porque el viejo no llegaba hasta tarde en la madrugada, la 1 am o cosa así, porque parte de su trabajo era de noche, casi siempre en el cabaret Sans Souci, el cuartel maestre de Santos Traficante. Y, pocos lo sabían, pero después de las 11 era el momento en que el invencible Motorola radio despertador de la mesita de noche volvía a adquirir su capacidad de servicio, cuando la vehemencia de maquis, desafiante, revencúa de mi señora madre, sintonizaba las trasmisiones que surgían en una montaña de la Sierra Maestra, su orejita —con el correspondiente brillante engarzado al lóbulo— pegada a la bocina de modo que desde el Mercury de la policía de Salas Cañizares de recorrido por la calle aledaña los esbirros no identificaran el inconfundible silbido de la trasmisión a distancia de una planta marca Collins, modelo 32-V-2, de mediana potencia, unos 120-130 watts, instalada en una guarida de guerrilla en el Alto de Conrado. Yo siempre lo digo, ¿saben? Y lo menciono a propósito de todo esto. Mi generación ha sido una de las más afortunadas de la historia de la civilización humana. Tuvimos a Elvis y tuvimos a Fidel.

El problema, claro, sigue siendo la cabrona mortalidad. Es la que viene de modo permanente a jorobarlo todo. Porque fíjense en ayer tarde. De pronto, de sopetón, la noticia aciaga. Charles Edward Anderson Berry ha sido pronunciado muerto a los 90 años de edad en su mansión del condado de St Charles. Y uno que pensaba que no podía haber nada peor que Donald Trump. Uno siempre tan equivocado.