domingo, 7 de mayo de 2017

viernes, 21 de abril de 2017

By popular demand

Un segmento de la entrevista con Camilo Egaña en su programa de CNN en Español del jueves 20 de abril de 2017. Para verla pinche aquí. Una transcripción completa aparecerá próximamente en la nueva página web norbertofuentes.us

 


domingo, 2 de abril de 2017

Todo por la causa

Evtushenko, Padilla y la historia desconocida de un poema por encargo de Nikita


“Los manuscritos nunca arden”, dice el viejo proverbio ruso. Mala cosa, muy mala sobre todo para aquellos que se afanan en borrar su historia. Y máxime si publicaste en Pravda. La cosa es que la muerte de Evgueni Evtushenko este sábado 1 de abril me lleva a conectarlo a su más cercano amigo cubano, Heberto Padilla, debido a un razonamiento por simpatía. Ambos poetas, apenas muertos, son (fue, en el caso de Heberto, es, en el de Evtushenko) agasajados por un torrente de obituarios de la aburrida, vieja escuela de las víctimas del estalinismo. (No, a mí no me pregunten qué costilla le partió Stalin a Heberto. O si delegó en Beria. Pero que Heberto se cogió esa bronca para él solo, se la cogió.)

Pero hubo una época en que no todo era anticomunismo. La hubo de armonía, de fervor por los ideales. Estoy hablando de ellos dos, no de mí en el Escambray cayéndole atrás a Tomasito San Gil. Esos son los dos poetas que quiero recordar con esta historia. Ellos dos con Nikita Serguievich al fondo.

Heberto Padilla parecía responder a un sino ineludible: tener que desandar el camino de su propia producción poética. En “Dicen los viejos bardos”, uno de sus versos más emblemáticos de la colección Fuera del juego, advierte que en cualquier lugar y época en que el poeta se encuentre, siempre estará acechándole algún poema peligroso. No creo, desde luego, que tuviera en mente los versos de “Júbilo con fusiles”, el poema que escribió por encargo de Pravda, el órgano del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, en las horas previas al Año Nuevo de 1963 y traducido al ruso, de inmediato, compulsivamente, por el entonces controversial Evgueni Evtushenko, una mezcla de hooligan con bolchevique, según la leyenda. Por su parte, la influencia de otro soviético, Vladimir Maiakovski, más que evidente, parece ser la fuerza que conduce al bardo cubano, sin que le tiemble la voz, de las pretensiones liricas a la urgencia del panfleto de combate. No existe algo de tal peligrosidad en toda la carrera de Heberto Padilla que iguale este tosco testimonio de entrega a la causa. La lenta combustión de los años no ha sido capaz de otorgarle siquiera la gracia de la inocencia histórica: Padilla tenía que pasarse la vida abjurando de su obra. Las páginas malditas que una vez vislumbró que debía tragarse. Pero no por contrarrevolucionario sino, en este caso, por comunista. Siempre como que lo obligaban a hacer las cosas. O responder al extraño emplazamiento autoimpuesto de que para brillar había que pasarse al bando contrario, o por lo menos retozar con él.


Por “sugerencias” —más bien indicaciones— del primer secretario Nikita S. Jruschov, que estaba loco por cortejar a Fidel, de traerlo de nuevo a su redil, después de los encontronazos y fricciones surgidos durante la Crisis de los Misiles, la idea del poema cubano tomó cuerpo. El combativo “Júbilo con fusiles” de Heberto Padilla traducido por Evgueni Evtushenko publicado en la página 5 de la edición de Pravda del 1 de enero de 1963, para conmemorar el cuarto aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, pasó de cualquier manera desapercibido para el lector cubano y sobre todo para Fidel Castro. Inútil esfuerzo de un primer secretario y de dos poetas —desde un remoto Moscú.


JÚBILO CON FUSILES

Se oye el tarareo
Se oye el tarareo,
de árbol en árbol,
de calle en calle.
Tomo la boina,
la pistola, las balas.
¡Yo, plaza de ustedes!
¡Yo, calle de ustedes!
Oigo las banderas
de algodón, crujir
sobre nuestra tierra
que viene preñada
y los gritos fuertes:
«Uno, dos, tres…»
Por encima de lo más oscuro
como mi boina.

Canto yo
mi camino inicial
tarea de poeta —
marchar con paso firme
pero sin equivocarse
así ayudo yo,
junto a mi pueblo
marcando el paso.

¡Marchando! ¡Marchando! ¡Marchando!
El corazón al paso se enardece
Escogimos nosotros el camino.
Todos somos uno
Somos gente de paz
pero estamos alertas
mirando al mar

De todos modos — estamos en combate
tendidos en los parapetos
de pie tras los arbustos
combatiendo la mentira
y el engaño.
Yo veo a los barbudos
y a los que no tiene barba
en el combate
en las fábricas y las empresas
luchamos con alegría.

Nosotros no somos patéticos
o amargados o mustios —
eso no es revolución.

Somos esos mismos cubanos
somos esos mismos rebeldes
en los combates
contra el oxidado dogma
del sectarismo
y rechazamos
la pompa y el pesimismo.

No hay penumbras hoy
en la vida sino
júbilo.

Lo ves en Cuba
Sonrisas con boinas
sonrisas
con pistolas en las manos.
Y una vez nuestra
alegría fue dolor
y todo era difícil
como si la madre, ella
se encorvara por la amargura.

Sobre los que han caído
en el ataque al Moncada
y en las laderas escabrosas
de la Sierra Maestra
¿Para qué ellos cayeron?
¿Para que ellos cayeron?
Para que estos jóvenes
no sean pesimistas,
para que rían
y en los combates más difíciles
no flaqueen.

No importa que gritos amenazantes
se oigan alrededor,
nosotros reímos.

Terrible nuestra risa.
Sabemos muy bien
que la Revolución
lograda en la batalla
es júbilo para todos.

Notas: La obligación (para incluir en este sitio) de traducir del ruso un poema que originó en español, y que hasta el presente y hasta donde se sabe solo ha sido conocido en ruso, es porque no se ha encontrado la versión en español. No deja de ser graciosa la idea de que el disidente cubano Heberto Padilla haya sido también el primer autor cubano de poemas soviéticos en español.

El verso “Uno, dos, tres…” reproduce la fonética del español en la traducción original al ruso. Barbudos fue incorporada por los soviéticos a la lengua rusa después del triunfo de la Revolución Cubana. Sierra Maestra está empleado como adjetivo en la traducción de Evtushenko y por eso en el facsímil de Pravda aparece como una sola palabra y en minúscula.

El borrador de una primera traducción del ruso al español es de Álvaro Alba. El resto (con todas sus torpezas y errores) es mi responsabilidad.

Ah, ¿pero no me lo quieren creer? Pues este es el facsímil de aquel Pravda tan nefasto para la memoria de los revisionistas. ¡Y arriba los pobres del mundo!


domingo, 19 de marzo de 2017

¿Y qué va a ser de nosotros ahora?


Era un Motorola. De doble función, despertador y radio. Los viejos lo tenían en la mesa de noche de la izquierda, aunque no recuerdo si era el lado del viejo o de la vieja. Si recuerdo que era mi lado cuando llegaba de la escuela, o los sábados y domingos cuando los viejos no estaban en la habitación. La función de despertador de manera permanente e indefectible se disparaba, de lunes a viernes, a las 7 de la mañana, hora de levantarse para el trabajo ellos (el viejo, publicitario y asociado de la Mafia americana, y la vieja, por contraste, maestra de kindergarten de escuela pública) y nosotros (mi hermanita Estrella, mi hermano Luis y yo el primogénito —así me decía el viejo, “el primogénito”), para nuestra escuela. Pero tal la parte tortuosa del trabajo del Motorola.

La parte buena era al regreso de las clases. Porque era directo al rocanrol. Girabas el botoncito izquierdo que parecía un dedal adosado a la careta plástica del equipo y esperabas unos instantes a que se calentara —los radios entonces ”se calentaban”— y enseguida ya estabas oyendo Radio Kramer, es decir, a flotar en el mismo éter en que podía hallarse un adolescente de Arkansas o de Maine, ellos y tú, con los Diamons con Liteldarlin y con Polanca con Daiana, y con Lonli blu boi, que no se me olvide, y los Platers con Onliyú, y Yerri Liluis con Gritbol of fair y con Juloracheik goin on y, no faltaba más, con Chucberri y Esculdai y Suitlitel sixtín y la constante final de su consigna Jeil Jeil Rocanrol y todos, todos ellos, bajo la mirada severa, admonitoria, ora complaciente, ora perdonavidas, del Quin, del mejor y más completo de todos y que le dejaba muy claro desde el principio a las nenas que no quería ser un tigre para no arañarlas, que lo que quería ser era su osito de peluche. Oh, Elvis, cuánta sabiduría en tus palabras. Porque ese osezno, peludo y como dejado al descuido sobre el sofá, cuando atrapara a su nena, no iba a haber Dios que se le zafara del abrazo.

Radio Kramer. Toda una generación de habaneros tuvo su alma mater alternativo en esa emisora. ¿No se acuerdan de la voz de aquel mariconcito que llevaba la programación de la tarde y que, puntualmente, a las 3.30 pm presentaba durante media hora “Starring Elvis Presley”? Arrastraba las erres, de manera muy apropiada cuando introducía la primera pieza del día (ya había discos suficientes de Elvis en el mercado como para sostener un programa diario de media hora), y sonaba Yeil Jaus Roc y el decía, después de los primeros guitarrazos procedentes del vinil: “Estarjin Elvis Prrresley.”

Claro, olvídense de Radio Kramer después de comida. Hasta eso de las 10 pm le tocaba a la televisión (también creo que un Motorola, seguro que algún negocio de trueque de publicidad por producto de mi viejo con los distribuidores de esa marca) y entonces era la tanda de los episodios enlatados de El Llanero Solitario y Patrulla de Caminos y Bat Masterson y La Ley del Revólver, tremenda educación proyanqui que estábamos recibiendo en las gloriosas vísperas del triunfo comunista en Cuba. Pronto, muy pronto, estaríamos de parte de los indios y no de los caobois. Unos hijos de puta los caobois esos. Unos racistas.

Y, en fin, para abreviar, todas las fórmulas doctrinarias subliminales a través de la televisión cesaban cada noche en mi casa a eso de las 10. Los muchachos, entre los que me encontraba, para la cama, porque mañana hay escuela. Esas funciones regimentales de disciplina le tocaban a la vieja, porque el viejo no llegaba hasta tarde en la madrugada, la 1 am o cosa así, porque parte de su trabajo era de noche, casi siempre en el cabaret Sans Souci, el cuartel maestre de Santos Traficante. Y, pocos lo sabían, pero después de las 11 era el momento en que el invencible Motorola radio despertador de la mesita de noche volvía a adquirir su capacidad de servicio, cuando la vehemencia de maquis, desafiante, revencúa de mi señora madre, sintonizaba las trasmisiones que surgían en una montaña de la Sierra Maestra, su orejita —con el correspondiente brillante engarzado al lóbulo— pegada a la bocina de modo que desde el Mercury de la policía de Salas Cañizares de recorrido por la calle aledaña los esbirros no identificaran el inconfundible silbido de la trasmisión a distancia de una planta marca Collins, modelo 32-V-2, de mediana potencia, unos 120-130 watts, instalada en una guarida de guerrilla en el Alto de Conrado. Yo siempre lo digo, ¿saben? Y lo menciono a propósito de todo esto. Mi generación ha sido una de las más afortunadas de la historia de la civilización humana. Tuvimos a Elvis y tuvimos a Fidel.

El problema, claro, sigue siendo la cabrona mortalidad. Es la que viene de modo permanente a jorobarlo todo. Porque fíjense en ayer tarde. De pronto, de sopetón, la noticia aciaga. Charles Edward Anderson Berry ha sido pronunciado muerto a los 90 años de edad en su mansión del condado de St Charles. Y uno que pensaba que no podía haber nada peor que Donald Trump. Uno siempre tan equivocado.

martes, 14 de marzo de 2017

El taller arranca

   
 El primer producto —la edición impresa de
El último disidente. Fidel y la transición en Cuba
ya está a la venta en Amazon.


jueves, 2 de marzo de 2017

El último disidente

El último disidente está a la venta en versión Kindle. El libro ha sido revisado y notablemente ampliado. La edición impresa debe aparecer en los próximos días. El libro, a su vez, es el primero que publica Cuarteles de invierno, una iniciativa editorial de Pedro Schwarze. Seguirán otros títulos, no solo de materiales inéditos sino reediciones de libros que, casi siempre, han visto saboteado su acceso al público por las usuales maniobras del Gobierno cubano sobre los editores occidentales. Así que limpien una tabla del librero para acomodar una colección de volúmenes de diversos tamaños y pesos, que no solo han sido escritos en libertad —enfatizo: entera libertad— sino que he logrado poner fuera del dogal de editores pusilánimes y rápidamente comprables.


Olvídese de todo lo que haya podido leer hasta ahora sobre los últimos años de Fidel Castro. Lo que Norberto Fuentes cuenta aquí es lo que pasó, narrado con la intensidad volcánica del que lo conoce mejor que nadie.
—Enrique Serbeto (ABC)

No es una colección de crónicas, es el relato de una época. Está expuesta con la maestría de un gran escritor. Y es un despliegue de información y de conocimientos íntimos de los que quizá hayan sido los episodios más arduos y desconcertantes del liderazgo de Fidel Castro y del proceso que culminó con la entrega (¿o captura?) del poder por su hermano Raúl.
—Jorge Dávila (CNN)

De la experiencia de su lectura:

Los brotes de humor negro atribuidos a Raúl Castro (…) fueron atestiguados por el escritor Norberto Fuentes durante el paseo otoñal de 1987 por Camagüey, visitando la fábrica de fusiles de asalto Kaláshnikov. Acompañaban al entonces ministro de Defensa, su ayudante Alcibíades Hidalgo y el vicepresidente Carlos Lage. Tragos en mano, se metieron con el agua hasta la cintura en la piscina de la resiedencia que la policía reservaba para estas visitas, según Fuentes en su libro El último disidente. De sopetón Raúl Castro soltó: “¿Ustedes se imaginan, caballeros, que pasaría en este país si a Fidel le da un infarto y a mí me da otro al recibir la noticia?”
—Juan Jesús Aznarez (El País)

Era la noche del lunes 31 de julio de 2006 y en la televisión cubana se había leído un mensaje de Fidel Castro en el que anunciaba un inédito traspaso de sus funciones a otros funcionarios, pero por sobre todo a su hermano Raúl, En las semanas precedentes, con los 80 años de Fidel Castro en vista, y los 24 meses que vendrían, Norberto Fuentes escribió y respondió preguntas incesantemente sobre lo que sucedía en Cuba y hacia donde se encaminaba Cuba. Una fase nunca antes vivida por la isla en su historia, por lo que era muy fácil caer en un terreno pantanoso o ser presa de los espejismos al interpretar esos hechos. Ya sea desde distintos medios internacionales, como desde el blog “MI LEÑA AL FUEGO”, los escritos y opiniones de Norberto se convirtieron en imprescindibles y necesarios. No por nada fue él quien hizo público el diagnóstico de las dolencias de Fidel Castro: diverticulitis. Este libro reúne todos esos artículos y entrevistas de este expectante período, en versiones íntegras y corregidas, que más allá de su importancia histórica se transforman en una guía para descubrir lo que se viene en la Cuba erigida durante seis décadas por los hermanos Castro.
—Pedro Schwarze (en el prólogo del libro)

miércoles, 18 de enero de 2017

[Sigo al bate]
"No creo que los cubanos tengan
por qué condenar a Fidel Castro"

Una entrevista de José Durán Rodríguez en Diagonal (Madrid), 15 de enero, 2017.

Pocas voces tan autorizadas para retratar a Fidel Castro como la del escritor Norberto Fuentes. Su trayectoria –línea directa con la jerarquía de la revolución cubana durante años; exilio en Miami desde 1994– y una obra inmensa –La autobiografía de Fidel Castro– avalan una mirada propia e imprescindible sobre las últimas seis décadas en Cuba.


El siglo XX terminó a las 22:29 del 25 de noviembre de 2016. Ese día y a esa hora fallecía en La Habana (Cuba) Fidel Castro. La sentencia fue utilizada hasta la saciedad en análisis y titulares durante las semanas posteriores, pero eso no le resta potencia ni veracidad.

En efecto, el historiador Eric Hobsbawm erró: el corto siglo XX que acuñase –iniciado con la I Guerra Mundial– no se cerró cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991 sino que lo ha hecho 25 años después, con la desaparición física del comandante en jefe de la revolución cubana, el proceso político más duradero durante ese periodo y uno de los más relevantes para tratar de explicarlo.

En un hábil movimiento, la editorial barcelonesa Stella Maris volvió a poner en las librerías el 13 de diciembre La autobiografía de Fidel Castro, tras haberlo recuperado en 2015. Publicado originalmente en 2004 por Destino en dos tomos, esta nueva edición resume en un volumen de más de 600 páginas la obra del escritor cubano Norberto Fuentes (La Habana, 1943).

El libro, digámoslo ya, es extraordinario, un ejercicio único de recreación histórica novelada de la vida de Castro en la que el narrrador se identifica como el propio Castro. Uno de los personajes políticos más importantes del siglo XX rememorando su vida en primera persona.

Fuentes mantuvo un estrecho contacto durante los años 80 con los hermanos Castro. De ahí tomó la materia prima –al alcance de muy poca gente– con la que dio forma a esta obra. Su relación se fue enfriando por diferencias políticas y alcanzó un punto de no retorno con la ejecución del coronel Antonio de la Guardia, amigo íntimo del escritor, condenado en 1989 a la pena de muerte por narcotráfico, junto al general Arnaldo Ochoa y otros oficiales del ministerio de Interior. En 1993, Fuentes intentó abandonar Cuba. Tras ser detenido, la mediación del Premio Nobel Gabriel García Márquez le permitió salir del país un año después y establecerse en Miami (Estados Unidos), desde donde atiende a la llamada telefónica de Diagonal.

¿Dirías que el libro podría pasar por la autobiografía real de Fidel Castro?

Yo lo asumo como una autobiografía real. Como toda la literatura, incluidos los libros históricos, es la voluntad del autor la que lo determina. Incluso si Fidel Castro lo hubiera escrito, iba a poner elementos de su voluntad, de su decisión, de su imaginación, iba a ocultar cosas... Yo no he ocultado nada, ésa es la diferencia, tengo la total responsabilidad o irresponsabilidad de poner todo lo que me da la gana de todo lo que conozco. Él se hubiera cuidado en algunos aspectos.

A veces sí parece una obra escrita por Fidel Castro, otras no.

En la primera edición española apareció como ensayo. En Estados Unidos fue donde lo catalogaron como novela. Me guié por dos libros, asumidos como ensayo, que son capitales: la autobiografía de Gertrude Stein, a través de su amante, Alice B. Toklas, y Dutch. A memoir of Ronald Reagan, de Edmund Morris, que introduce personajes de ficción.

Los libros de historia están plagados de la decisión del autor. Cuando escoges los hechos, estás haciendo ficción. Yo lo hice como ensayo, como un libro veraz, sólo que asumí un punto de vista quizá audaz: ponerme en la mente de Fidel para explicar los porqués. Esos porqués estaban revelados en la vida real en conversaciones íntimas, en cosas de sus círculos más cercanos, de su hermano Raúl, a los que tuve acceso durante muchos años. Hacer otra cosa hubiera sido hacer lo mismo de siempre, un libro de chismes.

¿Cuáles eran los objetivos cuando lo escribiste?

No eran objetivos políticos, siempre son objetivos literarios: hacer un libro válido, genuino. Reflejar una historia. Después yo creo que terminó siendo la novela de la revolución cubana. No fue algo que me hubiera propuesto de inicio pero es lo que terminó siendo. No existe un libro como ése sobre la revolución.

¿Quedaste satisfecho?

Después de terminar un mamotreto de 3.000 páginas, si no quedas satisfecho, quedas exhausto, no quiero más (risas). Hay veces que encuentro cosas en el libro y digo "coño, esto lo escribí yo".

Fue Fidel Castro, ¿no?

Sí, es verdad. Hay quien dijo, algún hijoputa –lo digo humorísticamente o en serio, no importa (risas)–, que Fidel no era tan culto como yo. No es verdad. Fidel es un hombre cultísimo y un intelectual muy serio, lee mucho, mucho... O leía. Donde está ahora no puede leer.

¿Hay alguna relación entre tu libro y la película Comandante de Oliver Stone?

Hay mucho material sobre Cuba, se está saturando el mercado, especialmente desde el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos hace un año y pico. La película de Oliver Stone es deliberadamente política a favor de Fidel Castro, no digo que eso sea malo sino que en ese momento del proceso había mucha propaganda muy mala contra Fidel. Hay un documental de 1968 de Saúl Landau que es formidable. El mejor libro que he leído sobre Fidel Castro es Huracán sobre el azúcar de Jean Paul Sartre, un libro capital para entender la revolución cubana.

Te preguntaba por la película de Stone porque en ella, de alguna manera al igual que en tu libro, se puede escuchar directamente a Fidel Castro, dando su versión en primera persona. Eso en Cuba era lo habitual pero fuera de allí no tanto: todo llegaba muy mediado.

Ésa es la fortuna de tener una cámara y una grabadora... y de ser americano (risas). Fíjate, ésa es tu percepción como lector o espectador español. En realidad los cubanos, si algo tenemos, es que hemos escuchado a Fidel constantemente, es una voz que nos estuvo acompañando continuamente.

¿Sabes si Fidel Castro leyó el libro?

Sí, cómo no. Lo leyó y en las reflexiones que publicó en los últimos años a veces me respondía cosas. Amablemente o por precisar cuestiones históricas. No decía: "Norberto...", pero sí corregía en sus reflexiones algunas cosas que yo había escrito en el libro. También tengo unas cuartillas anotadas por él con correcciones a mi libro Hemingway en Cuba, por ejemplo que él dirigía un "pelotón" y no una "escuadra" en el asalto a Cayo Confites de varios revolucionarios para tratar de derrocar a Trujillo en 1947. Era muy detallista. Lo hacía sobre todo para demostrarte que él se había leído acuciosamente determinado texto. A García Márquez también le hacía cosas así.

¿Te importaba su opinión sobre este libro?

Me importaba en un sentido gracioso, era algo que él no podía evitar. A él le preocupaba más que a mí, llamaba constantemente a la editorial Destino para preguntar cuándo se iba a publicar, para preparar su respuesta, que era un libro con Ignacio Ramonet. Y lo sacaron una semana antes, finalmente.

En Cuba él me leía. Mi primer libro, Condenados de Condado, de 1968, causó un gran problema en Cuba y a él lo encabronó enormemente. Es un libro bastante babeliano, a la Isaac Bábel, en el que los soldados revolucionarios no son precisamente angelitos, un libro muy humano pero a él no le gustó nada porque decía que afectaba a la imagen del ejército rebelde. Está considerado el primer libro disidente de la revolución cubana. Eso me costó años de ostracismo, de problemas en Cuba. Después, por decirlo rápidamente, hicimos las paces. Las hizo él, sobre todo a través de García Márquez, y simpatizó conmigo. Yo siempre había simpatizado con él, siempre pensé que era un tipo formidable, el único que podía dirigir la revolución cubana y que lo estaba haciendo muy bien, además.

Cuando se superó esto, él me leía y hablaba de mí en el Buró Político del Partido Comunista de Cuba y le decía a Carlos Aldana [hasta 1992, ideólogo del PCC y responsable de Relaciones Internacionales del partido]: "Lo leo y me doy cuenta de que Norberto Fuentes es un revolucionario".

Eso es un cuchillo de doble filo porque cuando eres un revolucionario libre, como fui yo siempre, te pone en una igualdad que a los dirigentes no les gusta ni les conviene. Que tú seas revolucionario, compartas una ideología, incluso que acates su liderazgo no quiere decir que estés de acuerdo con él y que no le puedas responder o acabar convirtiéndote en un problema, que fue lo que finalmente ocurrió.

En el libro destacas cómo Fidel Castro justificaba sus actos en lo que pasaba en el exterior.

Sí, eso ha sido siempre el background contra el que operaba. Sartre dijo desde muy temprano que la revolución cubana era una revolución de contragolpe, que avanzaba a contragolpe con el enemigo y que si éste no le golpeaba en algún momento, la revolución cubana tenía que inventar el golpe.

Pero los intentos de asesinato de Castro y el embargo existen, no son inventos.

Absolutamente. Los americanos son muy malos en política exterior y ellos le sirvieron la mesa siempre, como él quería. Son facilitos de provocar. Les cogió el número de la baraja. Los toreaba, hizo lo que él quiso. Los peligros fueron reales, claro, y él sabía cuándo agazaparse. Hay un lema que se utilizaba mucho en Cuba, "jueguen con la cadena pero no con el mono", y eso se aplicaba. Quién les iba a decir a los americanos en 1959 que a 90 millas de Miami iba a haber una revolución comunista, eso era imposible. Ningún presidente americano lo sobrevivió.

¿Fidel Castro es el personaje más importante para entender el siglo XX?

Es el más atractivo, al menos. Ayer estaba viendo una película sobre Churchill, de Netflix o HBO, bien hechecita... Aquí todo el mundo dice que Churchill es el político más importante del siglo XX. Puede que lo sea pero es que la obra de Fidel Castro es una obra en la abstracción, de la imaginación. No sé cómo se medirá en la historia, qué dejó materialmente, cómo valorar la supervivencia y las proezas de la revolución cubana –lo fueron, después le ponemos el ingrediente moral, el beneficio o el maleficio...

De ser una islita de mierda, perdida en el Caribe, a estar a punto de volar el mundo en una conflagración nuclear en cuestión de dos años; meter medio millón de hombres en el cono sur africano, en países que la gente no sabía que existían como Angola; la alfabetización y la salud pública cubanas, lo que había antes en Cuba eran los chiquitos con la barriga reventada de lombrices...

Los universitarios, tú. Ahí todo el mundo está graduado en la universidad, las putas son universitarias, las jineteras,... Hay una peliculita cubana formidable, Utopía, sobre cuatro cubanos delincuentes, lumpen, jugando al dominó. Y de pronto empiezan a discutir sobre El Greco, que es lo que han dado en las clases de la universidad. Terminan a puñaladas, porque son delincuentes, pero discutían sobre El Greco (risas).

¿Absolverá la historia a Fidel Castro?

A él le importa un carajo. Eso son palabras. Allí en España le hicieron esa misma pregunta cuando fue a Galicia a ver a Fraga y él respondió que en qué momento de la historia, dentro de cien años o de quinientos o mil, ¿te das cuenta?

La revolución cubana nunca fue una revolución de estrategia, porque eso determina un camino y si lo vas a seguir, hay un paso obligado y te van a emboscar y a liquidar. Y él es un guerrillero viejo, muy experimentado, para caer en esa trampita de la estrategia. Las estrategias son siempre una trampa. Él vivía al día, era un tipo eminentemente táctico. Preguntarle por la historia a un genio de lo táctico como él... Eso fue una frase de propaganda que dijo en un momento determinado.

¿Y los cubanos lo absolverán?

No creo que tengan por qué condenarlo. Ahora te voy a hacer casi la misma pregunta: qué cubanos y cuándo. ¿Los de la película Utopía, los educados, los médicos, los que están en Miami? En Cuba había un cartelito en las puertas que decía 'Gracias, Fidel'. Ese cartelito lo pueden poner los cubanos que viven en Miami, tienen casa, dinero, automóvil, viven en el primer mundo, si no estarían en Cuba, viviendo en un país subdesarrollado y sin ninguna perspectiva... Hasta la contrarrevolución se benefició de Fidel, ¿no?

¿Qué puede pasar en Cuba ya sin Fidel Castro?

Es algo interesante... Anota bien esto, que es lo más interesante que te voy a decir. Estados Unidos se ha convertido en un aliado o adversario, todo depende, muy inestable. Ahora se abre un periodo aquí muy inestable y eso es algo que en Cuba les sorprendió porque EE UU siempre fue un adversario muy estable, sabías lo que podías esperar de ellos, sobre todo con Fidel. Raúl ha hecho alianzas con los americanos y parece que pueden estar intentándolo también con Trump. Me parece que ahora están a la expectativa.

Como hablábamos antes, la revolución cubana siempre se movió a contragolpe de los americanos, no a favor ni en contra de los soviéticos sino a contragolpe de los americanos. Ahora EE UU está muy inestable, el aliado –elusivo pero aliado– Putin está muy enredado en todo esto también y los cubanos están esperando, calladitos y con las tropas acuarteladas.

Tuviste un intercambio de opiniones desagradable en el programa Herrera en Cope tras la muerte de Fidel Castro, ¿te sentiste utilizado?

No, pienso que lo que pasó fue un empleo del lugar común. Me preguntaron "usted qué piensa de la tiranía sangrienta de Fidel Castro". ¿Qué tiranía sangrienta? Si formulas así la pregunta, me estás obligando a una respuesta que yo no tengo. No es una conversación inteligente, no es serio. Vamos a elevar la conversación a qué es lo que se entiende por libertad, por ejemplo.

Luego estaba este hombre, que después me enteré de que era delegado en la ONU del gobierno de Aznar y votó por la guerra de Iraq, que me llamó chovinista [se refiere a Inocencio Arias]. Yo estaba dando mi opinión y me insulta, me acusa de defender a Fidel Castro cuando yo no puedo viajar a Cuba y él, según dijo, se pasa la vida allí. A qué estamos jugando. Pero te digo que Carlos Herrera es mi amigo y se dio cuenta de lo que venía y dijo "vamos a dejarlo dormir". Yo me divertí, al final.

Escuche aquí la entrevista en el programa de Carlos Herrera de la cadena COPE del lunes 28 de noviembre de 2016.