martes, 26 de febrero de 2013

Durita la chica

Apunte recuperado de un viejo disquete cubano. Reposaba en el fondo de uno de mis archivos, cuando salió a flote.Estaba destinado a un planeado último libro en mi país: El exilio interior. No he cambiado una línea de lo que salvé entonces en el disquete bajo el título “La justicia del herrero o Una mentira contada por matones”. Dejo a Katiuska Blanco al bate.


Dice Solshenitzin quizá el unico santo de la historia de la literatura desde la Revolución Francesa hasta nuestros días que para ser clemente se necesita razón (y subraya la oración en su manuscrito del Gulag).

Esto es para un trabajo sobre la situación de exigencia legal del gobierno cubano y su incapacidad para cumplir adecuadamente una sola de sus propias leyes. En casa del herrero, cuchillo de palo.

Ver Granma del martes 5 de julio de 1994 “Decreto-Ley 150 de 1994. EN VIGOR MODIFICACIONES AL CODIGO PENAL” Por Katiuska Blanco

Encaminadas a una mayor flexibilidad e individualización en el instante de impartir justicia, fueron aprobadas recientemente por el Consejo de Estado diversas modificaciones al Código Penal, que permiten un tratamiento más adecuado ante hechos delictivos de graves connotaciones sociales.
Los cambios entraron en vigor el pasado 10 de junio ... ... el Código ... fue modificado en varios aspectos esenciales . Uno de ellos define la posibilidad de rebasar los 20 años que la ley planteaba antes como límite máximo para una sanción de privación de libertad. Anteriormente esto sólo era posible cuando se aplicaba alternativamente a la pena de muerte, la sanción de 30 años.
Ahora la privación de libertad puede exceder los 20 años, e incluso llegar hasta 30, en las sanciones conjuntas, ante la reincidencia o multirreincidencia en casos de hechos graves, y en la agravación extraordinaria de las sanciones.
Con las modificaciones al Código se amplía la aplicación de las circunstancias agravantes cuando para cometer delito se aproveche las circunstancias de una calamidad pública u otra situación especial, cuando el hecho se realice contra personas o bienes relacionados con los planes priorizados de la economía nacional, o cuando el delito se comete en venganza o como represalia por la participación o intervención de los ciudadanos en defensa de los intereses de la sociedad y el país, o en apoyo a las autoridades. Por estas causas se puede aumentar la sanción hasta la mitad de la impuesta.
Orientadas a evitar que la acción de la ley sea evadida y con el objetivo de liquidar el poder económico de los delincuentes, las sanciones accesorias también fueron modificadas y ampliadas por el Decreto-Ley 150.
* * *
Por otra parte, los delitos tienen una formulación más abarcadora y actual. El de enriquecimiento que estaba previsto para una autoridad, funcionario o empleado, se refiere a partir del nuevo decreto, a cualquier persona, aunque se mantiene la sanción más grave para los primeros. El delito de atentado se amplía de acuerdo a las personas contra las que puede cometerse: autoridad, funcionarios, agentes y ciudadanos que en defensa de los bienes e intereses de la sociedad sean atacados. El delito de desórdenes públicos se agrava cuando su propósito es precisamente el de alarmar a la población, crear tumulto o provocar el pánico en cualquier lugar.
* * *
Todas estas adecuaciones tienen como objetivo propiciar un mayor respeto a la legalidad, preservar la disciplina social y asegurar la tranquilidad ciudadana.

viernes, 22 de febrero de 2013

Gremlins en el olvido

Mayo 23 de 2001. Día en que vi la primera luz en el túnel del analfabetismo de la computación.
Archívese en una memoria o disco compacto. Esto ocurrió a las 4:32 de la tarde.
Doy fe: me siento como el primer día en que fui a clase en mi vida…
Fidel Castro Ruz

¿Computadora? ¿Disco duro? ¿De qué me hablan
gamberros? ¿Que los libros ya no se escriben con
lápiz sobre papel? Lo único que me falta es que
tampoco se requiera del tabaco y del bourbon. Puñeteros.
Las líneas anteriores aparecen en el sitio CUBADEBATE (21/02/13). Aparece en una de esas descargas empalagosas que la compañera Katiuska Blanco produce sin miramientos y de alguna manera convencida de que la línea de producción de alabanzas tiene reservas inagotables. Pero como se trata de establecer una nimiedad como un hecho histórico trascendente, y ya que estamos tan apegados al registro fiel de los hechos, debo recordarle algo a Fidel. Y atiende, Katiuskita, para que aprendas. Su primera clase de edición de textos en una computadora se la dio, nada más y nada menos, que un premio Nobel de literatura, el mentado Gabriel García Márquez. Esto ocurrió a las 6.30 PM (minutos más, minutos menos) del 1 de enero de 1987. Es decir, exactamente 14 años, 2 meses y 22 días antes de la fecha que invocan. Ambos. Los testigos fueron: Armando Hart, ministro de Cultura; Antonio Núñez Jiménez, fiel aide-de-camp de los primeros tiempos de la Revolución; Joel Max Marambio, empresario cubano-chileno con acceso VIP a la corte, y Norberto Fuentes, un servidor. Domingo Mainé, el jefe de la escolta, se quedó recostado al dintel de la puerta, dispuesto como siempre a ametrallarnos con su Stechkin APS (Avtomaticheskiy Pistolet Stetchkina) de 20 tiros al más mínimo movimiento sospechoso —el premio Nobel de literatura incluido, que en eso sí no había contemplaciones ni titubeos. La sesión pedagógica de Gabo comenzó porque hubo una conversación sobre computadoras y edición de textos en la sala de su casa, es decir, la residencia que le asignó el gobierno cubano en perpetuidad y que había pertenecido a Ramón Crusellas, el zar cubano de los dentífricos, jabones y detergentes. (Una angustia recurrente me asaltaba cada vez que me presentaba en esa casa: la de una marea de espuma rosada que me tragara vivo al abrirse la puerta.) Las computadoras. Tal el tema favorito de Gabo y mío por aquella época, en la que —según mi información— éramos los únicos dos escritores en posesión de tales artilugios en La Habana, él con una Apple, y yo con una PC. Y parece que estábamos cansando a Fidel con el asunto. Así que preguntó: “¿Qué es eso de las computadoras, chico? Ya tengo curiosidad”. Por lo que Gabo lo invitó rápidamente a ver su Apple Macintosh, que tenía en un oscuro despacho preparado en lo que quizá haya sido un amplio closet para los abrigos de los visitantes —¿abrigos en Cuba?— adjunto al recibidor, a la izquierda según se entraba en la casa. Hacia allá fuimos los hombres. Las mujeres se quedaron en los mullidos sofás de la sala, a saber, Mercedes Barcha, mujer de Gabo; Lupe Véliz, mujer de Núñez Jiménez, y Carmen Balcells, todopoderosa agente literaria de Gabo. Gabo prendió la Apple, que —desde luego— era de aquellos modelos iniciales con una pantalla parecida a una claraboya y le cedió a Fidel la única silla que había en el lugar y Fidel, con gesto expectante como si acabara de ocupar el sillín de una nave Soyuz antes del conteo regresivo, preguntó que qué se hacía a continuación. “Bueno, Fidel —dijo Gabo—, igualito que una máquina de escribir. Tú escribe en ese teclado y en vez de salirte en una hoja de papel, lo que escribas te sale en esta pantalla”. El cursor verde de la Apple blinqueaba, aterrador, amenazante, sobre el fondo negro de la galaxia cibernética, insondable y silenciosa, de la máquina de Gabo. Entonces Fidel sacó ese dedo índice que se gasta, terminado en unas uñas cortadas en punta, y con la delicadeza de una señorita acabada de hacerse la manicure, escribió por primera vez en la historia de la humanidad —humanidad que es él mismo, me refiero— en el teclado de una computadora. ¿Debo decir pulsó? ¿Qué pulsó cinco veces? ¿Sobre cinco teclas diferentes? Sus acompañantes, con la respiración contenida, esperábamos como en posición de atención a sus espaldas. Gabo, de pie, a su izquierda, hacía gala de una amorosa paciencia. Y la palabra apareció en pantalla. Un sustantivo. Un nombre propio. Pero que inició en minúsculas porque Gabo aún no le había explicado el arte de oprimir CAPS LOCK para levantar un carácter a su categoría de mayúscula. Fidel Alejandro Castro Ruz se quedó mirando, satisfecho, su primera obra en la esfera del universo digital. Y ya ustedes saben lo que escribió.

f i d e l _

Y ahí el cursor se quedó blinqueando después de la ele durante todo el rato de la contemplación, Vino, en consecuencia, la pregunta. “¿Y ahora que pasa, Grabriel?” Y la respuesta también lógica pero en tono extrañamente paternal de Gabo hacia Fidel, no pedagógico, no de amigos, sino paternal. “Ahora, Fidel, eso tú lo mandas para el impresor y así lo garantizas en papel. O lo guardas en la memoria y después regresas y trabajas el texto”. Uno no entendía qué otra cosa había que agregarle a aquel texto. Bueno, sí, ponerle la cabrona mayúscula. Satisfecha la curiosidad del comandante, regresamos a la sala y seguimos enfrascados en temas de mayor importancia para el desarrollo de la revolución mundial. Pero no dejamos registro para la historia de aquella primera incursión cibernética de Fidel. Me refiero a que no conservamos copia dura. Y me perdonas, Kastiuska. Y usted, Comandante. Un poco ridículo eso, Fidel, de “archívese en una memoria…” Es como si de verdad considerara que usted debe moverse con un team de escribas —o notarios, póngase por caso— a su alrededor, que levantan acuciosas actas de cuanta cosa se le ocurra en su existencia. Porque a fuerza de ser justos, compañeros, ¡miren que uno quema tiempo de su vida en boberías!

De este episodio hay más, desde luego. Pero han de esperar hasta Peligros de la memoria.

domingo, 17 de febrero de 2013

El estigma existencial

¿Balseros ellos también?
Hace un par de años me lamentaba con Rui Ferreira en una entrevista para El Mundo de que una revolución iniciada bajo la advocación filosófica de Jean Paul Sartre, terminara como un objeto critico de Yoani Sánchez, Zoe Valdés y Guillermo Fariñas. Hoy, bien vista la cosa, hasta la palabra crítica me parece exagerada para su talante. Me explico. No creo que haya nada que complazca más a la vieja contrarrevolución cubana como retrotraer el debate cubano al nivel de las comedias radiales de los años 50 criollos, picaresca en su estado más burdo. Se sienten a sus anchas con personajes que se nombran Tres Patines, Chicharito, Sopeira. Y por ahí para allá. Pero lo que ellos nunca consideran es que, en el bando contrario, la complacencia es aún mayor. Cuando tú tienes detrás de ti en el escenario del teatro los retratos tan adustos de pensadores del calibre de Marx, Engels y Lenin, y pronto también colgarán el próximo a beatificar de Fidel Castro, a qué temerle que la contrarrevolución te enarbole a los reiterados negritos y gallegos del teatro bufo cubano. Oigan la voz de Sartre: “El existencialismo es un humanismo”. Coloquen eso en oposición a las escatológicas descripciones de Valdés y el regusto en describirnos la halitosis de sus novios, o las boberías de Yoani sobre si se comió un bollo de pan tan duro como un yunque (esta última analogía del yunque es un aporte mío), o las estampas bélicas de Fariñas donde en vez de balas lo que tenemos son piticos nacionales cubanos maltratados hasta la saciedad por la horrible costumbre en Angola, donde cumplía misión, de masturbarse. Bueno, lo que quería decir es lo siguiente. Quería decir que no supe valorar bien, durante mi entrevista con Rui Ferreira, que Fidel había ganado otra vez. ¡Esa luz larga que se gasta el Comandarte, caballeros! Resulta que ahora existe el rumor, cada vez más bien fundado, de que en uno de esos giros en los tures internacionales que preparan nuestros ilustres disidentes y blogueros, una de las escalas inevitables será Estados Unidos. Y de ser así, parece de cañón que alguno será recibido en la Casa Blanca por el presidente Barak Obama. ¿Ven lo que les digo? Fidel jodido, hecho leña, sin apenas tripas, todavía tiene cacumen para jugarle una mala pasada a un presidente americano. Porque el caso no es que él haya comenzado con Sartre para terminar con uno de estos bergantes. La verdadera situación es que, mientras él tuvo un Sartre, lo que Obama tiene desde el inicio es una Yoani o un Fariñas. Ella y su príncipe consorte, Macho Rico —delicious male seria la traducción, ¿no?— entrando en la mansión, o Guillermo Fariñas de camuflaje pero con la manito metida en la portañuela. Cool.

jueves, 14 de febrero de 2013

El estado de la nación

No rehúye el combate. No está en su dotación genética. Las habladurías sobre la restauración del capitalismo en Cuba ganaban adeptos y portavoces. La maniobra se impuso. Tenía que demostrar públicamente que esa era aún su Revolución. Un mentís subliminal. Entendida la tarea. Me ayudan un poco a caminar, miren a ver qué hacen con esa escalera a la entrada del recinto y me reúnen un poco de periodistas. Reiteró lo que ya dijo Raúl en Chile. Bueno, lo que han dicho desde siempre. Hay que avanzar… con cuidado. Así, acepta la misión encomendada por Raúl —o cocinada entre ellos dos mismos— y el 3 de febrero se presenta en el colegio electoral de su circunscripción para ejercer el voto. A la salida, el encuentro con los periodistas. Bastante ligero y hasta gracioso. Esa misma tarde una grabación de video editada es trasmitida por la televisión cubana y al rato es noticia mundial. Pero no deben quedar dudas respecto al verdadero mensaje y que el diálogo con la prensa quede en algo que en primera instancia puede parecer pueril. Por lo que la prensa plana y electrónica lo repite in extenso (y —ahora me entero— revisado por el mismo Fidel) días después. Dos cosas permanecen en el trasfondo y de muchas maneras son conmovedoras: que el comandante no elude el deber, nunca, y que la gente en ese paisito, sea como sea, lo adora. Ni aunque hubiese llegado allí en silla de ruedas. ¿Vieron cómo lo mimaban, cómo lo retrataban, cómo lo vitoreaban?

Fabiola López (periodista).- ¿Qué le parecen, Comandante, los cambios que están teniendo lugar ahora en Cuba?

Fidel Castro.- Tú dices los cambios, pero el gran cambio fue la Revolución. ¿A qué cambios te refieres?

Fabiola López.- No, digo los cambios que están teniendo lugar ahora con los Lineamientos y todo lo que está sucediendo para actualizar el socialismo.

Fidel Castro.- Bueno, en general creo que es un deber actualizarlo y superarlo, pero se trata de una etapa en la que es imprescindible marchar con mucho cuidado, no debemos cometer errores. Estamos partiendo de una época única y muy compleja de la historia, la vida durante estos 50 años tiene que habernos enseñado. El país que más se ha acercado a una revolución profunda, en la vecindad del imperio, es Cuba. No todo ha salido perfecto, pero constituye una obligación ineludible perfeccionar y superar lo que hemos hecho.

lunes, 11 de febrero de 2013

El hueco de Carmelo

82 libros y monografías y 275 artículos publicados por Carmelo Mesa Lago según Haroldo Dilla Alonso en su alabanza “Carmelo Mesa Lago, otra vez…” a propósito de la publicación de Cuba en la era de Raúl Castro (Editorial Colibrí, Madrid, 2012). Estamos perdidos si todos son para repetir joyitas como esta: “Raúl [Castro] había enviado a [Humberto] Pérez a estudiar en Moscú y luego lo apoyó como director de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN); Fidel designó a Raúl para presidir el tribunal que juzgó y despidió a Pérez”. La Academia cubana está perdida. Los seguidores del fenómeno cubano, perdidos. Porque es el caso que Humberto Pérez nunca fue juzgado y, por otra parte, los estudios que despertaron la sospecha ante los ojos del terrible Fidel, los siguió en Yugoslavia, no en Moscú, y fueron sobre la autogestión económica de Tito. Moscú nunca le preocupó a Fidel. Sabía que no era el tipo de peligro de allá del cuál debía preocuparse. Y a Humberto lo tronaron —vocablo perfectamente familiar para los residentes de la isla. Algunos argumentan que proviene de destronar y otros de trueno. Y los últimos me están confundiendo trueno por relámpago, o rayo, que creo yo que duele más. En la cabeza lo que te cae es un rayo, un relámpago, una descarga eléctrica del coño de su madre, pero no un trueno. En fin, que el truene de Humberto fue el resultado de que Fidel le cogió ojerizas al desempeño económico del país bajo la tutela del susodicho y lo mandaron de contable de una empresa textil de quinta categoría. Nada de pena de muerte, ni de juicios sumarios, ni de mazmorras con ratas paseándose entre tus pies. Pero, además, Carmelo, si aquí todos los días despiden gente de cualquier posición. Hasta a Nixon se lo echaron. ¿Cuál es el big deal con que se fumen a alguien en la isla? Hay una diferencia, cierto. Que a los tronados en Cuba le respetan el salario y la casa (cuando más te mudan) y te dejan la mujer y el Lada. Y al final, pasan unos añitos, y alguien viene y te tira un cabo y hasta te dan un puesto de viceministro. ¿Quién de nuestra generación no estuvo tronado alguna vez, compañeros? Y el bienestar con que se experimentaba el regreso. Pero había que estar allí para saberlo. Desde esta orilla nunca entienden nada. Y como decía Hemingway, cuando tú escribes sobre algo que no conoces, lo que queda en la narración es un hueco.

Nota a los malditos, que pretendan servirme del mismo caldo. Cierto que la Real Academia acepta truene como un cubanismo por “destituir o despedir a alguien de su cargo o empleo”. Pero esto ocurrió sólo después que nos cansamos de usarlo en ese sentido. Gloriosa generación revolucionaria. También a la Academia le dimos por saco. 

Para conocer el sitio hacia donde mudaron a Humberto y el error logístico que cometieron en detrimento de las brigadas de vigilancia del KJ y la relación que todo esto tuvo con mi intento de fuga del país en octubre de 1983, el lector debe esperar a que yo termine el montaje de Peligros de la memoria.

domingo, 10 de febrero de 2013

Aquí la del G-2 soy yo

Traigo la frase a colación para hablarles de Yoani Sánchez, de lo que me parece una enorme invectiva en contra de la muchacha. La expresión original es de la autoría de una ahora legendaria topa (femenino de topo ¿no?) de la incipiente Seguridad cubana infiltrada en una de las tantas organizaciones contrarrevolucionarias que actuaban entonces en el país. Entonces es entre 1961 y 1962. Había una reunión, creo que en el edificio FOCSA, edificación emblemática del capitalismo en Cuba, y ya habían caído algunos de los integrantes de aquella célula —que tuvo la mala idea de ajustarle un atentado a Fidel, y en el mismo edificio FOCSA, porque allí era donde se encontraban los estudios de televisión que él utilizaba con mayor frecuencia—, y estos conspiradores comenzaron a preguntarse quién podía ser el maldito que les estaba dando camino cuando la compañera Diana Valdés, tal el nombre de la heroína de los servicios cubanos, abrió su bolso, que tenía delante de ella, sobre la mesa de comedor, alrededor de la cual se hallaba una docena de complotados. “Sí. Aquí hay alguien que es del G-2”, dijo uno de ellos. Un avispado, que siempre existe en esos grupos. G-2 eran las siglas que designaban las primeras versiones del aparato de seguridad de la Revolución Cubana y que había sido tomado de la nomenclatura del ejército batistiano que a su vez lo había tomado del ejército americano. Entonces Diana dio cumplimiento a la orden que tenía de terminar “con aquello”, y —en vez del estuche de cosméticos que todos los presentes esperaban a continuación del coqueto y femenino gesto de meter su nacarada manito en la cartera para supuestamente extraer la motera—, sacó un revólver bulldog calibre 38 y le apuntó a lo que ella después describió como “el güiro de ese individuo” y apretó el gatillo y la cabeza del individuo reventó. Sin soltar el revólver, se levantó de la silla, que cayó a sus espaldas, y con el arma aún humeante y moviéndola como en el barrido horizontal de un radar, ante las narices y ojos espantados de los concurrentes, pronunció la célebre frase: “¡Aquí la del G.2 soy yo!”. Momento éste en que un aluvión de oficiales de la Seguridad entraba por todas las puertas y ventanas que diera acceso al recinto. Me imagino que alguien habrá recogido el desparrame de sesos de encima de la mesa y del piso y hasta de las impregnaciones del techo. Pero —malas noticias para los cazadores de brujas del Heraldo—no hay manera de dar con ella, y ni se ocupen de rastrearla, porque luego de un apacible y abúlico retiro en La Habana, de donde no salió en los últimos años de su vida, un infarto se les adelantó. Está muerta y las cuentas pendientes quedan para la eternidad.

Era una mujer guapa, de estatura, y que abdicaba ante una sola pasión: escanciarse sobre el cuerpo todo el Chanel número 5 que pudiera conseguir. De ahí se ganó su sobrenombre de Diana Chanel. Desconozco cómo se lo agenciaba en la Cuba del bloqueo y además de la tacañería de Fidel para suministrar las quincallas criollas con el producto, porque en definitiva no era americano. Noches de Moscú. ¿Las señoras quieren perfumarse? Pues Noches de Moscú, que el Presidium del Soviet Supremo nos lo cambia por azúcar. Sé que sus compañeros del “aparato” sabían a la distancia cuando se acercaba. La fragancia invadía los pasillos antes que ella.Así pues, era una época en que las cosas resultaban mucho más llanas que la presente, cuando todo era claridad. Declaras que eres del G-2 y levantas una tapa de los sesos. Y al carajo. No es lo mismo en la actualidad. Es en ese sentido que retomo mis primeras líneas. Algo a lo que debemos salirle al paso. Y es contra ese sector empecinado y de pocas luces —habitual del exilio cubano—que considera a Yoani Sánchez como agente de la Seguridad del Estado. Unos envidiosos, me imagino yo por el éxito internacional que la chica tiene con su blog. Primero, hace años, apostaron a que la iban a sentar como diputada en la Asamblea Nacional. Después, que iba a aparecer en un programa de televisión, ataviada con uniforme del Ministerio de Interior, rutilantes grados al menos de teniente coronel en sus hombros, y denunciando a la SINA, al movimiento disidente, a la mafia de Miami y hasta a Joe García (para que no se haga). Ignoro el papel que le endilgarán ahora para el periplo internacional que anuncia a partir de la obtención de su pasaporte. ¿Yoani agente? De verdad que no lo creo. Aunque lo que crea uno, o lo que especule, está fuera de lugar a la hora del análisis. No obstante —y como suele ocurrir, siempre en favor del gobierno cubano— las acusaciones cambian el sentido de su viaje. Está escrito en los libros. El viejo manual. Ya la pregunta no debe faltar a donde quiera que vaya. De resultas que, los verdaderos agentes no deben ser otros que los acusadores de Yoani. Por lo menos le hacen el favor al gobierno. Pero les quiero decir algo: es una pena que no lo sea. Lo que tenemos por lo pronto es una muchachita dejándose arrastrar por los inofensivos vientos de la contrarrevolución. ¿Se la imaginan como agente de los servicios cubanos? Eso sí sería interesante, caballeros. Que Richard Sorge ni un comino. Yoani. Yoani Sánchez. Nuestra Jamita Bond. Y entonces sí habría motivo para envidiarla. Porque, la triste verdad, es que yo no sé si la reclutaron o no, lo que sí les puedo asegurar es que enemiga del gobierno cubano no es.

PS: Si alguien va al aeropuerto, que de nariz. Y reporte. ¿Reconoce el Chanel número 5? Si tienen un positivo, corran. Porque lo próximo es el bulldog calibre 38.

Una versión ampliada del presente texto está en inventario para Peligros de la memoria.