martes, 17 de marzo de 2015

Se acabaron los besos



Un breve intercambio de mensajes sobre la invectiva de Heberto Padilla que él logró convertir en un lugar común. Más que breve, consta de un solo mensaje mío (aunque en dos etapas) y en tres de mi ansiosa destinataria. La transcripción es textual, tal y como la copié sobre papel para archivar. Aunque la información personal ha sido eliminada, como es menester.
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De: Norberto Fuentes
Fecha: 26 de enero de 2014, 13:57
Asunto: Norberto Fuentes
Para: Lillian Guerra

Querida Lillian,
Espero no robarte mucho tiempo, e incluso que tengas la bondad de atenderme. Te escribo a la dirección que encontré en la Internet. Directo al grano. En la página 409 n*


* Una torpeza habitual de este autor: meter el dedo en la tecla equivocada y, como en este caso, activar un comando y mandar el mensaje antes de terminarlo.
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De: Lillian Guerra
Fecha: 26 de enero de 2014, 14:07
Asunto: Re: Norberto Fuentes
Para: Norberto Fuentes

Norberto, encantada. No me llego ni la mitad de tu correo.
Mandamelo de nuevo.
Un beso de Lily
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De: Norberto Fuentes
Fecha: 26 de enero de 2014, 14:14
Asunto:
Para: Lillian Guerra

Querida Lillian,

Espero no robarte mucho tiempo, e incluso que tengas la bondad de atenderme. Te escribo a la dirección que encontré en la Internet. Directo al grano. En la página 409 de tu Visions of Power in Cuba, nota 3 referida al capítulo 7, tú dices que yo soy un longtime informant for G2, Cuba´s domestic intelligence service. Como quiera que lo dices sin entrecomillar y sin citar fuente alguna para tan aventurada declaración, debo asumir —al menos bajo cualquiera de los estándares académicos establecidos— que hay algún tipo de error de edición y que seguramente tú vas a subsanar esto lo más rápido que sea posible.

De cualquier manera necesito saber cuál es el origen de ese párrafo tuyo, y te agradecería que me lo hicieras saber con cierta prontitud, puesto que estoy terminando un libro y en él me refiero a tu declaración. En este caso no quiero ser yo el que deje escapar un error semejante.

Con los mejores deseos,

Norberto Fuentes
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De: Lillian Guerra
Fecha: 26 de enero de 2014, 14:54
Asunto: Re:
Para: Norberto Fuentes

Querido y estimado Norberto:
Dejeme hablar contigo por telefono para explicarle los origenes de mi interpretacion y las fuentes en que me baso. Sera problematico, pero nadie serio que conozco tiene ninguna duda de que usted sirvio de informante para los servicios de seguridad de estado.

Ahora, si usted desea cambiar esa imagen y dejar su propia perspectiva sobre el asunto, lo invito a conversar, pues saldra el paperback con los cambios que yo sugiero en agosto.
Un abrazo de Lily
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De: Lillian Guerra
Fecha: 27 de enero de 2014, 5:46
Asunto: Mi telefono
Para: Norberto Fuentes

Con el apuro de siempre, se me escapo mandarle mi telefono: *** *** ****. Estare mas libre hoy por la tarde, pues doy clase por la mañana. Gracias por su interes en corregir este trabajo mio.

Sent from my iPhone
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Avispada la chica, piensa uno. Va a Cuba, allí se despacha en los archivos secretos del Ministerio de Cultura y, cuando regresa, dice que el de la Seguridad soy yo.

Las cosas no terminan ahí. Meses después —12 de octubre de 2014— la veo en la primera plana de El Nuevo Herald, una foto desplegada a todo meter de ella lloriqueando mientras escucha el relato sobre uno de los colaboradores de los alzados del Escambray al que despojaron de sus bienes (aunque le devolvieron el caballo) por sus actividades fuera de la ley. Malditos comunistas.

Y entonces pienso, oh, pero si la chica es además admirable. Y creo correcto dar marcha atrás. Alguien que esté dispuesto a perder la confianza del Gobierno cubano y no empatarse nunca más con información altamente clasificada debido al temerario hecho de aparecer a moco tendido frente a las cámaras por reivindicar históricamente a un guajiro sin tierra (pero con caballo), merece mi perdón.

Me parece incluso excelente aquellas latas de manteca atiborradas de arroz con carne de puerco tapadas con un grasoso papel de cartucho que el ciudadano campesino contrarrevolucionario le dejaba en un cayito de monte a la banda de Tomás San Gil para que lo recogieran. Barriga llena, alzado contento. Y dispuesto a barrer a cualquier rojo que se les apareciera por delante. Aunque el tal tojo hubiese sido yo mismo.

Desde luego, queda siempre la angustia de que te está tomando el pelo. Al menos, si toda la información que ella proporciona a sus lectores, tiene la veracidad de la que ha vertido sobre mí, los lectores son objetos de una burla, o peor, de la ignorancia. Y si no, ¿cómo pueda ella garantizarme que el caballo lo devolvieron con la montura y que lo traía un funcionario del Partido agarrado por las riendas, para no montar una bestia ajena? Ummm, como diría mi viejo amigo Raúl Rivero.

Elevad la vista ahora —tres párrafos arriba, por favor— al final, donde dice “merece mi perdón”. Pues sí, ya estaba perdonada, e incluso olvidada, cuando conozco que, en el instante que escribo este texto —16 de marzo del 2015, a las 4.46 PM—, la valerosa académica Guerra termina de preparar sus maletas y se dispone a tomar su avión hacia La Habana, mañana, martes 17 de marzo del 2015.

Ah, recórcholis —como dirían en Lorenzo y Pepita y el señor Mota, el padre de La Pequeña Lulú, y también el poeta Raúl Rivero— pero entonces los comunistas no son tan malos, y tú puedes llorar todo lo que tú quieras por sus desmanes (llanto por un bandido se llamaría eso en mi época de efervescencia revolucionaria; y ahora, como todos sabemos y apoyamos, sería llanto por un patriota) y me la juego que allá te esperan tus amiguitos del piso 12 de la Biblioteca Nacional, donde se atesora la preciada información confidencial del sector cultural, loquitos —me imagino— por ver la pacotilla que les llevas, aunque, eso sí, siempre bajo el rubro de “donación”.

A lo mejor, con suerte, te dan hasta el video del fusilamiento de Ochoa. Pero, para eso, creo que debes dirigirte al antiguo despacho del Presidente Raúl Castro, que es donde se guardan. No más cruzar la Avenida Paseo y ahí tienes el edificio. Ojo: que el portero o guardajurado de la Biblioteca te deje pasar, no significa que el guardia con el AKM terciado actúe igual en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Bien, pues, ¿cuándo tú regresas, preciosura? Será esa la hora de esconderme por un buen rato. Veremos de qué me acusas ahora. El oficial de la Seguridad del Estado que te atiende, ya te lo impondrá. ¿Qué quién me dijo que te atendía un oficial de la Seguridad del Estado? La misma fuente tuya, o de igual naturaleza, y que nadie serio pondría en duda.