domingo, 20 de agosto de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

La Revolución en dos

Biógrafo de Fidel y autor de Dulces guerreros cubanos, Norberto Fuentes recibe a Crónica en Miami


La entrevista de Rui Ferreira.

Hace poco más de 28 años Fidel Castro fusiló a dos de sus "hermanos del alma". Desde entonces lo del escritor cubano Norberto Fuentes es una eterna misión de desentrañar las interioridades, razones, odios y miserias que llevaron a la muerte al general Arnaldo Ochoa, al coronel Antonio de la Guardia y otros dos oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior.

Fue un proceso que fragmentó los cimientos del castrismo. Para Fuentes fue el momento en que perdió la Revolución. La vida no volvió a ser la misma en la empobrecida isla caribeña que, una vez, puso a Estados Unidos en jaque en medio de su juego de ajedrez con la fallecida Unión Soviética, enviando tropas al continente africano o creando focos guerrilleros en Latinoamérica. Llegado al exilio a finales de los 80, Fuentes se puso a trabajar en un libro que desvelara lo que realmente sucedió durante la llamada Causa 1, la que condujo al fusilamiento de sus amigos.

En 1999 salió a la luz Dulces guerreros cubanos. La primera edición se agotó de inmediato pero no fue nunca más reeditado. Hasta ahora. Una editorial novel decidió apostar por este autor, uno de los que mejor conoce las interioridades del castrismo y por una obra que, pese al silencio editorial, es ya un clásico del reportaje cubano. Norberto Fuentes vive en Miami, escribe arropado por Jerry Lee, un perro raza cocker muy especial, y rodeado de los recuerdos de sus hermanos muertos. Apagada la grabadora, confiesa: "Nos estamos muriendo todos pero no se puede borrar la memoria".

P. Dulces Guerreros Cubanos es, quizá, uno de los más importantes libros suyos. Fue el primero que habló claramente del Caso Ochoa, sin embargo estuvo apartado de las librerías por más de 18 años, ¿por qué?

R. Por la mano de Cuba. Y en el caso de Dulces guerreros... antes de que saliera, por la mano de Miami. Estuvieron llamando desde aquí a Planeta, a Destino, Seix Barral... y Cuba metió la mano porque no hay que olvidar que la orden de Fidel Castro conmigo era de silenciarme, que no pudiera ganarme la vida como escritor.

P. Entonces este libro sale ahora porque Fidel ha muerto?

R. No, el libro sale ahora porque un editor me lo pidió. Una editorial que está publicando a través de internet. El libro físico lo venden a través de Amazon. Comenzaron con otro libro mío, una serie de ensayos sobre los últimos años de Fidel, llamada El último disidente. Tuvo éxito y se decidieron a publicar Dulces guerreros... Me lo estaban pidiendo muchos, los ejemplares de uso que hay en internet tienen un precio abusivo, como 40 dólares. Con esto tenemos un precio accesible. (En la primera edición) Se imprimieron 40.000 ejemplares y estuvo 13 meses en el listado de los más vendidos según reportes de prensa. Los tengo allí. Fue número uno de ventas en Miami. Es increíble y, aunque él diga que no, le costó el puesto a Basilio Baltasar (el primer editor del libro en Seix Barral). Y después, cuando Destino me publicó otro libro pasó lo mismo, sacaron a un editor y al director... Es un libro importante en la historiografía de la Revolución Cubana, un libro muy desenfadado, que cuenta los preámbulos de la Causa 1 desde dentro. Y da una visión de la vida de ese grupo desde mi punto de vista. Un amigo me dijo un día que es una mezcla de John Reed con Henry Miller. Creo que esa es una descripción exacta.

P. ¿Le van a enterrar en Moscú?

R. No, no... ni en Moscú ni en ningún lado. Que hagan un batido con mis cenizas.

P. En estos 18 años ha habido dos generaciones. Se supone que al momento de los hechos eran niños...

R. Fíjate que cosa más interesante. El libro fue colocado en Amazon el domingo por la tarde y por la noche era ya primero en ventas en la zona de las Américas.

P. O sea, ¿qué hay un interés despierto por lo de Fidel?

R. Es que ese fue el momento más importante, el momento en que la Revolución Cubana se dividió en dos hemisferios. Un momento traumático para el país. Recuerdo que en esos días en que, teóricamente, estaba arrestado en prisión domiciliaria, (el ex jefe ideológico, Carlos) Aldana me fue a ver dos veces. Y en la segunda me dijo, "tú estás consciente que a partir de ahora comienza una nueva etapa". Esa era la visión que ellos tenían desde el poder. A partir de ahí las cosas cambiaron para mucha gente. Es vox populi el dicho de que "si Fidel Castro es capaz de matar a sus mejores hombres, es capaz de cualquier cosa"... Hubo procesos que marcaron hitos pero ninguno tan traumático como la Causa 1. El caso anterior a este fue el de Marquitos (una pelea con los viejos comunistas) pero en ese momento Castro hizo una llamada a la unidad. El Caso Ochoa, no. Todo lo contrario. Lo que si fue un caso signado por la perestroika, para no cometer lo que, a ojos de Fidel, fueron los errores de la URSS.

P. ¿Si no hubiera habido perestroika, hubiera existido el Caso Ochoa de todas formas?

R. No lo creo. Porque él y Cuba estaban en una posición mucho más fuerte. El problema es que todo eso se tambaleaba. El campo socialista se tambaleaba y Fidel vio eso. Y además, tú tenías el Ministerio del Interior en Cuba, que se convirtió de pronto en un enemigo potencial y, de hecho, lo era. Que los americanos en Miami crean que eso fue un proceso de narcotráfico están equivocados. Fue un proceso de represión interna.

P. ¿Qué habían hecho ellos para sufrir esa represión?

R, ¿Ellos? Nada. Fue un proceso de represión que podía hacer Fidel Castro, que se anticipó por lo que pudiera pasar. Fidel puede pensar que comete un error o no, pero de por sí ya resuelve el problema. Tienes el caso de los intelectuales. El caso (del escritor Heberto) Padilla. ¿Qué hizo Padilla? ¿Qué hicieron los intelectuales? Podían hacer, podían hacer. Invocas la soledad, vulnerabilidad lo que sea, pero ese es el viejo axioma leninista de que "la Revolución vale lo que sabe defenderse". Y eso Fidel lo aplica sin contemplaciones. Fidel Castro fusiló a su general más valiente. Para Fidel, Ochoa era el símbolo de la valentía. Cuando el viaje a Chile, él regresa por Perú y Ecuador, hace una escala en Ecuador y hubo un momento en que la situación se puso muy tensa, y Fidel dijo que se da cuenta de la tensión porque Ochoa metió mano por la pistola bajo la chaqueta. Y si Ochoa metía la mano por la pistola era que estaba caliente la cosa. Era un hombre muy valiente. Y lo demostró. Yo soy quien le digo a Ochoa lo que está pasando.

P. ¿Qué le dijiste?

R. Le dije: "Arnaldo, te lo voy a decir todo". Y le conté que había 200.000 dólares de los nicaragüenses que estaban perdidos y que estaban detrás de él. Y mira, yo estoy convencido de que si hubo un hombre en el mundo que vio temblar a Arnaldo Ochoa, ese fui yo. Se quedó tieso. Apenas me dijo: "Estoy perdido". Se recompuso, yo le dije: "Arnaldo, no digas a nadie quién te lo dijo pero esto lo supe por Alcibiades Hidalgo (entonces jefe del despacho civil de Raúl Castro)... ". Y no habló, no dijo nada a nadie. Si no, me hubiera afectado a mí. No habló. Se llevó eso. Pero no habló Ochoa ni habló nadie. Escucha esto: cuando despertaron a Ochoa para decirle que el Consejo de Estado había rechazado la clemencia y que lo iban a fusilar. Él dijo: "¡¿Qué?! ¿Me han despertado para esta mierda?". Devolvió el papel y dijo. "Bueno, ya que me han despertado, ¿ustedes no creen que puedan hablar con el cocinero para que me haga unos huevos bien blanditos?" (se ríe). O la mejor de todas. El día que lo iban a fusilar les dijo, "es hoy pero quiero que me traigan a la nicaragüense". Se la llevaron, lo estaban filmando, lo estaban grabando. ¿Te imaginas que te van a fusilar ahorita, son las 12 de la noche y tú pides una mujer, te acuestas con ella? ¿De qué está hecho ese hombre?

P. Han pasado 28 años y se habla de que Raúl Castro se va en febrero.

R. (Raúl) Me dijo que él se retiraba. Recuerdo una conversación en casa de García Márquez. Dijo: "El gran problema de los países socialistas son estos jefes de despacho. Porque nos dicen que sigamos, que vamos muy bien, pero el jefe se va descojonando y mientras siguen ellos". Y comentó que después ellos son los que lo sustituyen. Eso dijo Raúl Castro y agregó: "Yo me voy a retirar pero, claro, siempre con un pie en el estribo". Eso es lo que va a pasar. Va a ser el tipo que controla porque, además, lo ha hecho siempre. Siempre dijo que "a mí no me gusta eso del figurado de Fidel. A mí lo que me gusta es controlar los hilos". Y él va a controlar los hilos. Hasta que se muera.

P. ¿En términos prácticos qué puede mejorar o cambiar?

R. Pero es que ya ha cambiado y mejorado muchísimo. Ahora, ¿quiere la contrarrevolución la victoria? Eso no va a pasar... Es que ese Gobierno es más seguro que el de Trump, que es una panacea de Gobierno. Cada día la gente pide más y le van a dar más porque ese es el desarrollo. Lo que no va a suceder es ir para atrás, como muchos querían. A ver, lo único que el país quiere es que haya trabajo y dinero. El tiempo de la contrarrevolución ha pasado. Los primeros que están de acuerdo son los americanos, quieren tranquilidad en Cuba...

P. ¿Esta alteración político social en Venezuela es del agrado de Raúl Castro?

R. No tengo la menor idea de lo que va a pasar en Venezuela, no lo puedo prever. Creo que los cubanos tienen tomadas todas las medidas para afrontar un descalabro. Siempre pueden apretar el cinturón, es lo que han hecho siempre en crisis y lo saben hacer bien. Es la educación más legitima que han tenido en los más de 50 años de este proceso. Ahora, al contrario de Fidel Castro que le gustaban las situaciones violentas, Raúl las prefiere más calmadas. Fidel hacía la Revolución en el caos, incitaba al caos. Raúl es todo lo contrario. Así siempre ha sido en Cuba y siempre se reflejó en las relaciones internacionales y más aún en el caso venezolano. Es que Raúl es la reforma, de alguna manera es la contrarrevolución perfecta, él no cree en líos, quiere negociar, cree en la república y en los sistemas. El otro era un maestro en el caos social. Y en eso mantuvo el país todo el tiempo. Cuando el país alcanzaba una tranquilidad Fidel agitaba el gallinero. Pero Raúl tiene la experiencia del hermano, sabe cómo lidiar con los americanos, por algo secuestró a los infantes de marina en la Sierra Maestra. Es así como a Nicolás Maduro lo veo a medio camino entre las herencia de Fidel y el pragmatismo de Raúl. Si Obama era la negación del drama, Raúl Castro aún menos está ahí. Pero esto no quita que sea un gran conspirador. No creo que un próximo Gobierno venezolano vaya a eliminarlos del todo, ahí están los médicos. La gran presencia cubana es el aparato de seguridad. Un equipo altamente profesional y el único aparato de inteligencia del continente que tuvo un enfrentamiento victorioso con los americanos. Ganaron siempre, ¡siempre! Y esa es la gente que sostiene a Maduro. Están en las limusinas, lo rodean. Todo eso fue la gran creación de Fidel que Raúl ha mantenido.

P. ¿Y si se acaba todo esto?

R. Bueno, si los venezolanos entrenados alrededor de los cubanos aprendieron bien la lección eso es eterno. No importa un referendo o una constituyente, ni nada. Pero creo que Raúl siempre busca la negociación, él es un gran negociador. Con su Gobierno logró reunir al papa Francisco y al Kiril Ortodoxo, por primera vez en la historia, en una reunión en La Habana. Es un artista de la diplomacia. Raúl no está en otra guerra que no sea la no guerra, no el conflicto sino la negociación. Muchas veces me lo dijo: "A mí lo que me gusta es conspirar, mover los hilos". Y es lo que ha estado haciendo en Venezuela, negociando siempre. Sea petróleo o la tranquilidad.

P. ¿Ha cambiado Raúl con la muerte de Fidel?

R. Dicen que está cansado. Siempre he pensado que está cansado hace muchos años. Esto no es lo que él quería ser, él quería ser un gallero, comerciar y jugar gallos. Una vez cuando fui a París, por el libro sobre Hemingway, me pidió que le trajera "una botella de vino como la que toman los franceses". Y me agregó: "Mira Norberto, los días más felices de mi vida los pasé en París". Eso es lo que Raúl quiso hacer siempre. Fiestear, juerguear, hacer apuestas. Pero lo convirtieron en un ministro de Defensa, un hombre despiadado y cruel.

P. ¿Para ti qué fue lo que cambió para siempre con el destino de los Dulces guerreros cubanos?

R. Que perdí la Revolución.

ENTREVISTA
Nombre: Norberto Fuentes (La Habana).
Estado civil: Casado, cuatro hijas.
Edad: 74 años.
Proyecto: Acaba de terminar un texto sobre el 'caso Padilla', llamado Plaza sitiada.
Libro: Depende de la época. Ahora en verano, El gatopardo, de Tomasi di Lampedusa. Le han reeditado su libro Dulces Guerreros Cubanos.
Película: Río Bravo, de Howard Hawks.

* Crónica es un suplemento de El Mundo. Publicó la entrevista con el título “Norberto Fuentes: ´El aparato de seguridad cubano sostiene a Maduro´” en la edición impresa el 6/8/17. Reproducido en la edición digital el 11/8/17. Fotografía: Copyrigth © Rui Ferreira.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Esperando a Rui


Jerry Lee aparece descrito en la introducción de la entrevista de Rui Ferreira con el autor —a propósito de la nueva edición de Dulces guerreros cubanos— publicada en El Mundo este domingo 6 de agosto. El anuncio de la entrevista fue tuiteado por el periódico y retuiteado por Pedro Schwarze y por mí. Esperamos por la luz verde de Rui para reproducir aquí la entrevista, además del video acompañante. Rui, por su parte, debe aguardar por la luz verde de sus editores de El Mundo. Todos pues, en stand-by, lectores incluidos. Disciplinada cadena de mando. La foto de Jerry Lee que Rui tomó durante un vivaqueo por las fondas de mi barrio (había que alimentar al entrevistador) y en el patio mientras me entrevistaba, no están sujetas a los rigores de una disciplina editorial. Así, mientras nos llega el clereance para publicar, aquí tienen a Jerry Lee, en Doral, Florida, la tarde del lunes 31 de julio de 2017. Si el interés se mantiene en Dulces guerreros cubanos, cliqueen aquí.


lunes, 31 de julio de 2017

Contra viento y marea

Casi 20 años tuvieron que pasar para que estuviese otra vez a la venta el libro de Norberto Fuentes Dulces guerreros cubanos. Un texto que no dejó indiferente a nadie y que fue el primero —y quizá el único— en revelar en forma descarnada qué ocurrió en 1989 en Cuba con los fusilamientos del general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia. Norberto no solo es un testigo de esos hechos, sino también un protagonista y un sobreviviente. Dulces guerreros vuelve a ser publicado contra viento y marea, de La Habana y de Miami. A la venta en Amazon.

—del post de Pedro Schwarze, “El regreso de los dulces guerreros”.

El general Arnaldo Ochoa luego de un partido de frontenis en la cancha de la Casa Número Uno de Luanda, 1 de enero de 1989. La mujer del general Patricio de la Guardia a su izquierda. María Isabel Ferrer, quizá la figura más delicada y siempre sonriente de la guerra de Angola. Capturas de video descartadas de la edición del libro.

domingo, 23 de julio de 2017

Tenemos Dulces

Finalmente…!!!

El libro que el Gobierno cubano logró sacar de circulación durante casi 20 años con la complicidad de dos editoriales españolas (se abordará el asunto en su momento) y con el severo beneplácito del exilio cubano —nunca antes tan de acuerdo con Fidel en reconocer a un “enemigo”—, ya está de nuevo a la venta.

Cliquee aquí para localizar su ejemplar.



viernes, 14 de julio de 2017

El oficio de escritor



El poeta Heberto Padilla todavía está en un calabozo de Villa Marista y Jorge Edwards se puso bajo la protección de Pablo Neruda en París cuando el encargado de negocios interino de Chile en La Habana —Manuel Sánchez Navarro— estampa en el pasaporte de un cubano llamado Antonio de la Guardia la visa para ingresar en Santiago como “auxiliar de embajada”. El capitán Antonio de la Guardia Font. El hombre emblemático de las fuerzas especiales cubanas. Sobra decir que Manuel Sánchez ni tiene idea de quién se trata. Que nadie en Chile alcanza a entender lo que esto significa. (Muy entretenidos en la supuesta zozobra de Castro por su bronca con los intelectuales y la gritería por el arresto de Padilla.) Pero lo que significa esa visa otorgada el 22 de abril de 1971, es que los cubanos ya saben que tienen la mano libre para el envío de las tropas. El proyecto del viaje de Fidel se encuentra en plena capacidad de movilización. A toda marcha. Eliminado el obstáculo que significaba Jorge Edwards al frente de la embajada chilena en Cuba, comienzan a actuar. Hasta ese momento todo el trasiego era de personal diplomático auténtico y burócratas y delegaciones culturales y económicas. Sobre todo culturares, que si en Cuba hay algo que sobra es guarachero. Ah, ¿pero qué es lo que ustedes entienden por cultura? ¿Pintores? ¿Literatos? No, hombre. No sean bobos. Aquí la cultura es los conjuntos de música bailable, lo que ahora se llama salsa. Porque si hay una verdad absoluta en este mundo, es que nunca una lira ha sonado tan tico como un par de timbales. Venga la conga. Adiós, poeta.

*

Las lectura de los registros de visados otorgados en La Habana entre enero y noviembre de 1971 convierten una sospecha en convicción. Cuba no entregó ninguna información de interés de inteligencia a la misión chilena mientras Edwards estuvo al frente de sus asuntos. Evidencia además que la expulsión del personaje con el antecedente del arresto de Padilla dos días antes tuvo un interés operativo. Fidel ha tomado la decisión de viajar a Chile y esto es lo que indica la jugada con toda precisión. Entonces manda a Santiago a su avezado explorador. Para los que no conozcan al personaje el capitán Antonio de la Guardia pertenece a una estructura archisecreta eventualmente conocida como GOE, por las siglas de Grupo de Operaciones Especiales, adscrita al Ministerio del Interior. 34 días después del arresto de Padilla y 32 de la expulsión “blanda” de Edwards, “El Siciliano” —así le llaman sus camaradas— lidera la primera fase de la Operación Destino.

*

Los adelantados:

Luis Fernández de Oña, que tenía una relación sentimental “estable” con Beatriz Allende —conocida como “La Tati”, segunda hija del matrimonio de Salvador Allende con Hortensia Bussi—, es decir, integrado al círculo familiar más íntimo del Presidente, fue el primer cubano que aterrizó en Santiago. Llegó el 26 de septiembre de 1970, 22 días después que Allende ganara la presidencia. Su misión era preparar el establecimiento de relaciones entre los dos países y, con otro cubano, el famoso “Ariel”, nombre de guerra de Juan Carretero Ibáñez, dar los primeros cursos de asesoramiento en normas de seguridad e inteligencia al grupo de protección del Presidente. Pero no se confundan. Esto no es tropa de choque ni grupos de elite. Sencillamente, gente de la inteligencia cubana y con cierta capacidad en el área de los escoltas.

El personal:

En enero de 1971, el primer listado de visas otorgadas que firma Edwards. Lo encabeza, con fecha del 8 de enero, el embajador cubano recién designado Mario García Inchaústegui, con su mujer Gladys Delgado Ortiz y su hijo Mario García Delgado. Todo lo demás es el personal que poblará la embajada cubana en Santiago. Ninguna señal de peligro. Nada que temer. Aún no.

En febrero, el segundo —y último— listado bajo la rúbrica de Edwards. Todavía ningún nombre sospechoso, nada que llame la atención del asesor voluntario Heberto, que se pasa la vida merodeando la suite de Edwards y husmeando entre los papeles.


Antonio de la Guardia Font. Es el nombre que salta a la vista en abril. El Mando toma la medida de solicitarle una visa oficial y no diplomática. Le bajan el tono, como si se tratara de un bedel, o un electricista; en fin, del personal de mantenimiento. Viajará a Chile bajo el dudoso rubro de “auxiliar de embajada”. Él y sus compañeros, porque son varios los auxiliares de embajada. Todos expertos tiradores.
 

El nombre de Pascual Martínez Gil aparece en mayo. Viaja bajo la cobertura de correo diplomático. Pero él es el jefe del GOE y su verdadera misión es estudiar el terreno para la visita del Comandante en Jefe. Estudio de la situación operativa, tal el nombre técnico. Aprovecha, sin embargo, la cobertura de los correos diplomáticos para hacerse cargo de dos o tres de esas valijas. Un tanto pesados los maletines. Van tres Kalashnikov de culatín plegable —más sus módulos de combate (120 balas en cuatro magazines)— por cada valija. Es la norma que establecen los cubanos desde Chile. Tres hierros por valija. Y están volando en grupo. A veces hasta en una frecuencia semanal. Aparece Pascual y aparecen los correos diplomáticos —con sus pesados alijos.


Patricio de la Guardia, hermano gemelo del condotiero Antonio, y otro de los golden boys de Fidel, debuta en junio. Surge en la lista chilena como correo diplomático. Es el segundo del GOE, en realidad, y con sus dotes de mando y finura de maniobra, se suma al dispositivo de Santiago. Ulises Estrada, el otro nombre que se destaca en la ruta de Santiago, era el mensajero del Che Guevara en su fracasada aventura del Alto Zaire. También utilizó sus habilidades románticas para seducir a Tamara Bunke y reclutarla para los servicios de inteligencia cubanos. Ulises era un negro grandulón y parlanchín y Tamara estaba encantada con él. Al final Ulises la sembró en Bolivia, para que le sirviera de enlace del Che. Por ese entonces ella comenzó su fama internacional como Tania la Guerrillera. Terminó, como se sabe, atravesada a balazos por una emboscada del ejército boliviano el 31 de agosto de 1967 en un recodo del Río Grande llamado Vado del Yeso.


Los nombres siguen saliendo a flote. Nuestros hombres de agosto. Lino Carrera, comandante del Ejército Rebelde, y —cuando se instituya el generalato en Cuba—, uno de sus primeros generales de brigada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Raúl Díaz Argüelles, comandante de la guerrilla y héroe de la lucha clandestina contra Batista. En 1975, primer jefe de las tropas cubanas en Angola, donde adopta el nombre de Domingo da Silva, y donde muere, desangrado, al pasar con su transportador blindado sobre una mina antitanque. Arsenio Franco Villanueva “El Gallego”, otro guerrillero y héroe de la clandestinidad y que alcanzará los grados de general del Ministerio del Interior. Miguel A. Duque de Estrada, el funcionario de la cancillería cubana designado para hacerle la vida imposible a Edwards durante su estancia en La Habana y que viaja a Chile sin que nadie se decida a molestarlo. Fernando Florez Ibarra, el temible fiscal de los primeros años de la Revolución, cuya misión programada para Chile es exhalar, junto con el humo de sus soberbios puros, el rumor de los Tribunales Revolucionarios y el consiguiente retumbar del paredón.


Los nombres de octubre. José Luis Padrón, una estrella en ascenso en la oficialidad del Ministerio del Interior; viene de Seguridad Personal y pronto será el director de las operaciones turísticas del país, “llevará” las relaciones con Estados Unidos y será investido como miembro del Alto Mando del omnipresente Ministerio. Juan Pérez Formell, nombre de guerra “Augusto”, un agente de inteligencia cubano sembrado en la Argentina de los años 60 con la misión de fomentar los grupos insurreccionales y de guerrilla urbana. Jorge Luis Estevanell, uno de los venerados oficiales de las operaciones especiales. Cuatro años después de Chile, el 15 de enero de 1976, en un remoto paraje angolano, se dirige al Puesto de Mando instalado en la facenda Victoria, en Engo, provincia de Quibala, cuando la camioneta que guiaba acciona una mina anticarro, probablemente plantada por la fuerza propia y, más que matarlo, prácticamente, lo disuelve.

*

Breve repaso de las visas chilenas entregadas en la legación de La Habana entre diciembre de 1970 y noviembre de 1971:

Diciembre 1970. No se ha encontrado constancia escrita. A Luis Fernández de Oña, primer diplomático cubano instalado en Santiago, le impusieron la visa en el aeropuerto, a su llegada a Chile, el 26 de septiembre de ese año.

Enero 1971. Lista suscrita por Edwards el 4 de febrero y que llega por valija diplomática a Santiago el 14. Ese mes, entrega 40 visas diplomáticas y 15 oficiales. 55 visas en total.

Febrero. Es el 3 de marzo. Documento recibido en Santiago el 12. Edwards entrega 28 visas diplomáticas y 51 oficiales. Pero tenemos 68 visas diplomáticas y 66 oficiales. 134 visas en lo que va de año. Ya eso es personal suficiente para una compañía reforzada de cinco pelotones, si quitamos no cubanos y uno que otro camboyano dislocado en La Habana con órdenes de su gobierno de husmear en la experiencia chilena.

Marzo es un mes para calcular, puesto que no hemos localizado el reporte. Edwards, puntualmente, lo hubiese producido a principios de abril, pero, hacia esa fecha, se halla lejos de La Habana. Lejos. Muy lejos. Así que el cálculo arroja que Edwards, antes de partir de Cuba, entregó otras 20 visas diplomáticas, y otras 11 visas oficiales. O por lo menos estampó una porción de ellas. De cualquier modo, en lo que va de año y bajo el reinado de Edwards, tenemos 88 visas diplomáticas y 77 oficiales. Total: 165 visas.

Abril. El listado es remitido a la cancillería chilena el 6 de mayo y es recibido allí el 14. Ese mes han expedido 29 visas diplomáticas y 24 oficiales. Durante todo el año, 117 visas diplomáticas y 101 oficiales. Se advierte que el listado lo firma el encargado de negocios. El último que firmará Manuel Sánchez. Ya estamos en un total de 218 visas. Cierto que el personal comprometido en la invasión se mantiene en números muy modestos. Todavía.

Mayo. Listado el 3 de junio y registrado en la cancillería de Santiago el 15. El primero que firma el Embajador Juan Enrique Vega. Este es un mes de 17 visas diplomáticas y 57 oficiales. En lo que va del año, 134 visas diplomáticas y 158 oficiales; es decir, 292 visas. (La unidad de combate adquiere característica de compañía reforzada.)

Junio. El listado fue preparado el 5 de julio y recibido en Santiago el 12. Han otorgado 19 visas diplomáticas y 23, oficiales, que suman 153 visas diplomáticas y 181 oficiales durante el año en curso, que a su vez suma un total de 334 visas.

Julio. Listado el 3 de agosto y recibido en Santiago el 17. Se concedieron 14 visas diplomáticas y 46 oficiales. En lo que va de año 167 visas diplomáticas y 227 oficiales. En total, 387. Atiendan bien: Trescientas ochenta y siete visas diplomáticas y oficiales en siete meses.

Agosto. Listado del 7 de septiembre y recibido en Santiago el 19. Tenemos 38 visas diplomáticas y 93 oficiales. Suman 205 visas diplomáticas y 320 oficiales. Total: 525 visas (completamiento de un batallón ligero de combate).

Septiembre. Producido el 6 de octubre y recibido el 18. Expedidas 49 visas diplomáticas y 27 oficiales. Suman 252 visas diplomáticas y 349 oficiales. 601 visas en lo que va de año.

Octubre. Listado preparado el 12 de noviembre y recibido el 15 en Santiago. Se otorgaron 59 visas diplomáticas y 60 oficiales. 311 visas diplomáticas y 409 oficiales en el transcurso del año. En total, 720 visas.

El listado de noviembre, sin duda, es la mayor consideración porque culmina una de las operaciones de inteligencia operativa más exitosas de la Revolución Cubana —y con el propio Fidel Castro al frente de ella. El 1 de diciembre, como es menester a principios de cada mes, se prepara el informe, que en este caso llega el 10 a Santiago. Fidel apenas hace días que ha abandonado la plaza, donde permaneció desde el 10 de noviembre hasta el 4 de diciembre. 92 visas diplomáticas y 62 oficiales se otorgaron ese mes. 402 diplomáticas y 471 oficiales en once meses. 874 visas en total. Un servicio exterior ejemplar en su carácter revolucionario. Expansivo y armado hasta los dientes.

*

Un dato ineludible para los que los que descubren el nombre de Antonio de la Guardia. Tony ganó celebridad internacional entre junio y julio de 1989 cuando Fidel decidió deshacerse de su antiguo golden boy y lo involucró en un oscuro proceso de corte estalinista, en el que lo acusó de tráfico de drogas, y por lo cual lo fusiló. También se deshizo en ese proceso de su más encumbrado jefe militar, el general de División Arnaldo Ochoa, y otro par de infelices de menor graduación —Amado Padrón y Jorge Martínez. Todos fusilados. Hubo más condenadas de inmediato, largas condenas de cárcel, las más bajitas de 12 años, aunque la norma fue 30 años, y luego muchos muertos de cáncer o por infarto en las celdas. Pero esa es otra historia. Otro libro.

*

Post Scriptum:

El lector queda avisado que estoy poniendo antes sus ojos parte de la información de algunos de los libros míos ya terminados y en cola para publicar, uno sobre el famoso caso Padilla (Plaza sitiada) y otro sobre los escritores en la Revolución (De interés del Buró Tres). Pero además (y entiendo que se trata de una buena noticia para lectores que llevan muchos años esperando) todo esto sale a flote debido a dos razones, por la fecha (hoy, 13 de julio, el 28 Aniversario del fusilamiento de Antonio de la Guardia) y porque acabo de terminar un arduo proceso de edición de Dulces guerreros cubanos, para su publicación en los próximos días. Un hermanito de la nueva hornada, alguien aún ilusionado con una Revolución que no conoció, ha sido instrumental y decisivo en la búsqueda de la documentación chilena y en la preparación de estos tres libros de los que estoy hablando: Pedro Schwarze.

Ahora es comprensible que Tony, sus fotos y toda su papelería, me haya estado asaltando por doquier, ese cabrón fantasma del socio, ese triste y aún desconcertado fantasma. Quise tener listo para hoy el libro de los guerreros —"los dulces", yo le llamo— y publicarlo como un homenaje. Pero de qué le sirven los homenajes a los muertos. Ni siquiera que los venguen. Te jodieron, Brother. Nos jodieron.

La foto que aparece como ilustración de este texto es la captura de un video tomado en el sector militar cubano del aeropuerto de Luanda a mediados de 1988.

martes, 13 de junio de 2017

Fidel en su piedra,
Raúl mientras agoniza




Un destino poco glorioso para los nuevos próceres. Antes había que abatirlos montados en briosos corceles, machete en mano, a todo galope contra las primeras líneas, rodilla en tierra, de los fusileros enemigos y aunque los proyectiles trazadores no se hallaban en existencia, tú veías abalanzarse sobre ti la andana de los plomos que te levantaría en peso de la montura y te derribarían en la tierra antes de saber que ya estás muerto y que un tropel de cascos te está macerando sobre el terreno porque la marcha no puede detenerse. Ahora, sin embargo, te mueres en las refrigeradas estancias de un salón de terapia intensiva. De acuerdo a la investidura, hasta tienes oportunidad de firmar algunos de los decretos que se te quedaron en la gaveta. Toda la gloria del mundo según las consolas Westinghouse. Pero, ironías aparte, tal puede ser el episodio que transcurre actualmente en la existencia del presidente cubano. Un amigo me escribe desde el norte de Argentina y dice que están diciendo —allá, en el norte de Argentina, me imagino— que Raúl está grave en terapia intensiva y que si uno sabe “algo”. Uno, en verdad, no sabe nada, aunque siempre puede elaborar alguna reflexión, y responde “No sé nada, pero ya es hora… ¿no?” Y agrega que antes ocurría lo mismo con Fidel y que en Miami lo mataban todas las semanas. Ya, después, cuando se puso malito de verdad, en el orden personal se produjo una época de modesta pero significativa bonanza para este autor, porque todo el mundo le pedía artículos y reseñas y declaraciones y hasta preparó dos obituarios por adelantado. Mas él no cree que pueda esperar la misma fortuna con el eventual deceso de Raúl Castro puesto que por estos lares se encuentra exiliado desde hace unos años su amigo Alcibíades Hidalgo, que sí conoce bien a Raúl. No en balde fue su jefe de despacho en el Comité Central y hasta creo que compartieron una hacienda en el Valle de Viñales a donde llevaron a dos azafatas que ambos ligaron en un viaje, no sé si a Yugoslavia, o a Polonia. Un cabroncito ese Alc, si yo se los digo. Pero, bueno, a lo que iba, Alc —¿ya se dieron cuenta que era el sobrenombre de Alcibíades?— puede sacarle algún jugo a la situación. Los que si no van a poder sacarle nada son los patriotas de la troupe del Versailles, el grasoso restaurante de la calle 8 del South West de Miami, la mítica Sagüesera, que salían a conguear cada vez que Fidel se moría. La última de estas congas, como se sabe, tuvo lugar el viernes 25 de noviembre del año pasado, con la noticia del fallecimiento, esta vez en serio, del comandante. Bailaron y gozaron de lo lindo durante unos días. Pero, al final, al igual que en la canción de Joan Manuel Serrat, y apenas en el transcurso de ese fin de semana, se acabó la fiesta. Aunque del modo que la turba nunca había calculado. Porque se acabó la fiesta pero también se acabaron ellos. Fidel se llevó el desafío. Fidel se llevó la confrontación. En definitiva, Fidel se llevó el alma de la nación. Y si ellos no se dieron cuenta, Obama sí. A los pocos días, al eliminar de un plumazo la famosa ley de “pies secos, pies mojados”, remató su maniobra con la tirada más humillante que un presidente americano le haya tirado en la cara a la vieja contrarrevolución cubana: que no había ninguna diferencia entre ellos y un guatemalteco o un salvadoreño. Puede que, no obstante, quede rondando por la zona de parqueo del Versailles, algún iluso deseoso de salir a festejar el eventual fallecimiento de Raúl Castro. Que empiece, pues, a calentar los cueros. Y así son las cosas. Fidel en su piedra, Raúl en su república bananera.